Por Gregorio Badeni
PARA LA GACETA - BUENOS AIRES
Un pequeño grupo de hombres, en un acto supremo de coraje, estaba dispuesto a declarar la independencia y sancionar la constitución. Se apartaron de las sugerencias que, probablemente, les habría ofrecido un político moderno imbuido por la mediocracia de incurrir en la ilógica de la lógica política de concertar un acuerdo con el enemigo o una rendición. Los congresales se guiaron por la lógica del honor y la libertad avalando los sacrificios de la lucha armada por la independencia mediante la formalidad de un acto jurídico que consolidara su legitimidad y que permitió elevar el decaído patriotismo de los pueblos.
El Congreso estuvo formado por 30 diputados quienes se trasladaron en condiciones precarias a Tucumán arriesgando sus libertades y vida. Bien se ha dicho que fue un Congreso de hombres casi mendicantes, reunidos en una lejana población del norte; abrumados por una infinidad de problemas; carcomidos por luchas internas; representando a provincias que estaban al borde de la ruina y con su entusiasmo revolucionario desgastado. A ello se añadían ejércitos levantados, desengañados y sin orgullo.
No obstante, y pese a las penurias que asolaban a la nueva Nación, fue un Congreso cuyos miembros tuvieron la energía suficiente y ejemplar para proseguir el proceso revolucionario declarando la independencia. De no haberlo hecho, el legado histórico de ese Congreso habría sido el fracaso y otro el curso de nuestra historia.
Como escribiera Nicolás Avellaneda, la declaración de independencia fue un acto heroico y de sublime patriotismo. Contribuyó a que la independencia que se procuraba alcanzar mediante la lucha armada fuera irrevocable bajo el lema que dejaba como única alternativa la libertad o la muerte. De tal modo se agotó el eslabón previo a la culminación del proceso organizativo institucional de la Nación que fue la sanción de la Constitución Nacional recogiendo los ideales y valores de Mayo de 1810 y Julio de 1816. Con esos valores e ideales se forjó una Nación para que las sucesivas generaciones de sus ciudadanos asuman con orgullo el legado de libertad, dignidad y progreso que les transmitieron los Padres de la Patria. Esto acarrea un deber ineludible cual es el de honrar a quienes sacrificaron sus bienes y sus vidas, en el campo de las ideas y en el campo de las batallas, para ofrecernos un porvenir digno y cuya magnitud depende exclusivamente de nosotros.
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Perfil
Gregorio Badeni (1943-2020) fue uno de los más destacados juristas de la Argentina. Abogado, licenciado en Ciencia Política y doctor en Derecho, era profesor emérito y profesor titular de Derecho constitucional de la Universidad de Buenos Aires, titular del Servicio de orientación legal de Adepa y presidente de la Academia Nacional de Derecho. También era ex presidente de la Academia Nacional de Ciencias Políticas y Morales, ex presidente de la Comisión de Derecho Constitucional del Colegio de Abogados de Buenos Aires, miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo y correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España. Obtuvo, entre otras distinciones, el Konex de Platino en Derecho y el Gran Premio Chapultepec de la Sociedad Interamericana de Prensa. Autor de 14 libros y coautor de más de 20, dentro de su obra se destacan Libertad de prensa y su tratado de Derecho constitucional.