Un murmullo de luz se agita tal vez en el aire. Un aleteo de tiempo hurga en una metáfora la vida. El eterno retorno se abisma en ensoñaciones luleñas, taficeñas. Un eco de piano se trepa a una rama y saluda a los pájaros. “Un viento de lapachos, naufragio de flores, atraviesa hendiduras de la lluvia, muerde una hojarasca aquejadumbrada. Los pájaros trinan en el silencio sin que los días enciendan ni un verso. En el verde del musgo resbalan mis pasos”, escribe la poeta. “Nací en San Miguel de Tucumán, pero viví mi niñez y adolescencia en mi querido Lules, un pueblo lleno de historia, cultura y paisajes. Mi padre, reconocido productor cañero, lector de Dostoievski, Tolstoi, Nietzsche, Hesse, fue un político de alma, militante radical. Mi casa fue escenario de una reunión presidida por el doctor Ricardo Balbín; fue el primer comisionado municipal cuando Lules recibe el bautismo de ciudad. A los cinco años, me enseñó que las rocas de la tierra tienen vida. De mi madre, emerge el camino para admirar la belleza de la naturaleza y de la música (Puccini, Vivaldi, Beniamino Gigli…), y el gozo por la lectura de la colección literaria infantil de Constancio Vigil y Julio Verne”, cuenta Leticia Mure, escritora y docente.

- ¿Qué te atrajo del piano? ¿Estudiaste formalmente el instrumento? ¿Lo seguís tocando?

- A los seis años inicié mis estudios de piano en el Conservatorio Fracassi que pasa a llamarse Ateneo Musical, aquí en la capital, a cargo de excelentes profesoras de la familia Pregot. Ahora toco el piano solo en reuniones familiares.

- ¿Qué escribías en la adolescencia?

- La escritura se despertó en la adolescencia con el diario en el que escribía relatos de mi vida, poemas de amor y del universo. Mi primer poema fue muy triste, cuando una tarde vi pasar los toros que llevaban al matadero y sufrí mucho.

- ¿Qué te llevó a estudiar biología? ¿Qué cosas buenas y desilusiones te mostró la docencia?

- Rodeada de la belleza natural aprendí a amarla, a sentir la aspereza o suavidad de las hojas, la hermosura de las mariposas azules y los picaflores. Creo que esta vivencia de la infancia me llevó a estudiar Ciencias Naturales. Allí en ese mundo de investigación y silencio me sentía feliz. Mis profesores fueron investigadores de gran sabiduría y humildad; nunca olvido a los doctores Federico Vervoorst, Marta Grassi, Luna Reyeros, Peter Seeligman. Hubiera cumplido mis anhelos dedicada a la investigación, pero ejercer la docencia fue una maravillosa experiencia: pude ayudar, transmitir conocimientos con la experiencia, el razonamiento y el amor. La cátedra de Anatomía y Fisiología Humana despertó la vocación de estudiar medicina en muchísimos alumnos que hoy son excelentes profesionales, y es un regalo del cielo reencontrarme con ellos. La docencia me dejó vivencias inolvidables. El sistema educativo no es bueno. La función del sentimiento en la nueva educación es primordial. El conocimiento sin transformación no sirve.

- ¿Escribías como una prolongación de tu interioridad o pensando en publicar?

- Siempre escribí como una prolongación de mi interioridad, jamás pensando en publicar. Era un mar interno que había que sacarlo. Según Carl Jung, el inconsciente colectivo es un depósito de imágenes latentes que heredamos y se proyecta como imágenes virtuales en el presente.

- Comenzaste a publicar siendo mayor, ¿por qué?

- Porque a esa edad tuve la oportunidad de investigar para elaborar ensayos sobre la problemática social y ambiental del Valle Calchaquí y la Etnozoología del Valle y su implicancia literaria.

- ¿Cuáles son los temas de tu poesía?

- La esencia primera de mi poesía es la luz, considero al sol la manifestación del Todo Infinito, es mi gran tema. Mi lírica está también profundamente unida al universo y al amor, al espacio y al tiempo. Conjugo mundos paralelos, del pasado, de hoy, cósmicos e interiores. Anhelo un despertar, es lo que intento cuando escribo, encender la esencia de nuestro propio sol interior heredado del original estado de inocencia.

- ¿Qué puertas te abrieron los microrrelatos?

- Aventurarme a una nueva forma de escribir. Son como puertas que se abren a otras dimensiones del pensamiento para soñar e imaginar. Nos ubica en el umbral de lo real.

- Editaste recientemente un libro para niños. ¿Es difícil escribir para los changuitos?

- No es difícil escribir para los niños, fue maravilloso hacerlo. El Dios del universo está también encerrado en una pequeñísima célula de nuestro cuerpo que contiene todas las infinitudes, que describo como un juego. Hablarles del sol que cada mañana nos da aliento y de la inteligencia de los delfines, fue muy gratificante.

- ¿Tiene presencia la música en tus textos?

- Quienes hacemos versos, damos adecuación fónica al poema, no por conocimiento estudiado, sino por intuición y buen oído, al igual que sucede con quienes componen música. Mis poemas no riman, pero tienen ritmo interno.

- ¿Para qué sirve la poesía?

- Jorge Luis Borges dice que la poesía sirve “para sacar la flor de las cenizas”. Sagrada y maravillosa verdad. La poesía también nos permite resistir a este sistema en que vivimos y tener ese escape para el placer, de las cosas horribles que suceden en el mundo. Sirve también para captar lo atemporal, narrar vivencias cotidianas. Nos da la libertad de imaginar, y vivir en el pasado y en el futuro. También la poesía sirve para documentar un tiempo, por ejemplo, la angustia que vivimos con la pandemia. Tal vez la poesía pueda hacer a los seres humanos, más humanos, más sensibles, frente a la crueldad.

› UNA TRAYECTORIA

Escritora y docente, es autora de ensayos sobre el aspecto socio-ambiental del Valle Calchaquí: “Etnozoología del Valle y su implicancia folklórica”, “El trabajador del pimiento para pimentón”, “Impacto ecológico de las comunidades calchaquíes” y “Consideraciones sobre los ciclos climáticos del pleistoceno”. Publicó los poemarios “Con los ojos del sol”, “Soles en mis manos”, “Hoguera de luz”, “Semblanzas de un hombre libre”, “Redimir el tiempo” y el libro para niños “Pequeños universos”.

EN JADE

Así comienza el caos,  
abre sus brazos  
sobre rocas mutiladas,
rotura del verde,
donde los pájaros
no pueden alojarse.

Abrir los ojos,
en un salto
impregnado de la danza
del Cosmos,
desgarra el miedo,
y el amor en verde jade
cubre el orbe.

Leticia Mure