- Autobombas forestales
En referencia a la misiva “Autobombas Forestales” del 31/08/20, nobleza obliga por lo que debo admitir que mi inquietud respecto del uso de los vehículos especiales para combatir incendios forestales en mi anterior del 28/08/20, nació de una primera impresión de por lo que vi in situ sin profundizar más allá. Por lo que ofrezco mis disculpas a Defensa Civil y agradezco a su director el señalar mi error. Pero siento también que debo equilibrar la reacción de Fernando Torres. Como dije, planteé una inquietud, no efectué una denuncia, que es una cuestión de otro tenor. Tampoco puse en tela de juicio la capacidad y dedicación de su personal, que para la tarea a afrontar seguro siempre será escaso en número y recursos; los enaltece además el especial cuidado y preservación de sus valiosas herramientas. Así las cosas, entonces, no debería sentirse ofendido ni en lo personal ni en lo público, ni por la forma ni por el contenido expresado. Salvo que lo ofenda el sentirse observado. Pero observar a la repartición y al funcionario también es parte de mi obligación ciudadana.
Esteban A. Margaría
- Deuda externa
Muy ilustrativa la carta del lector Ángel Ricardo Salguero, publicada el 30 de agosto, sobre el crecimiento de nuestra deuda externa. Según la misma, el último gobierno militar (1983) dejó una deuda de 45.000 millones de dólares. Desde allí para acá nuestros representantes, en 36 años de democracia, nos llevaron a una deuda actual de 332.000 millones de dólares. Lo más significativo, en el párrafo final, es su recomendación con la famosa “grieta”: nos quieren involucrar a los 45 millones de argentinos, cuya jubilación mínima es de 18.000 pesos. A diferencia de ellos, que sin aportes previsionales, al final de su mandato, o antes, van a cobrar 400.000 pesos. ¡Despierta Argentina! ¡Estamos a tiempo!
Oscar B. Castillo
Catamarca 328 - Yerba Buena
- ¿Qué nos pasó?
Reconozco que estoy muy abrumada con la cantidad de focos conflictivos, y destructivos, por el que este querido y maravilloso país está atravesando, que no sé cómo empezar esta carta. Pero me voy a enfocar sólo en el dramático tema de la huelga de transporte de ómnibus que, más allá de los razonables argumentos que se esgrimen, es incomprensible que no se encuentre una solución definitiva, siendo el único medio que la mayoría de la población tiene para trasladarse a trabajar; y qué decir, tras varios meses de inactividad por la pandemia. No sabemos quién tiene la culpa o la razón de este conflicto; lo que sí sabemos es que destruye el trabajo, la renta familiar, el ánimo del trabajador y deja indefensos a los que más necesitan. Sin duda, es desde la política que se resuelven estos temas; si no, veamos qué ha pasado con los otros medios de transporte en las provincias del interior: sin trenes y sin aviones. Por ahora, la cuarentena nos lo resuelve; ¿Pero, después? ¿Volveremos al caballo, a la mula de carga, a la carreta, a la diligencia? Me pregunto si la pandemia nos ha desordenado y hecho perder el rumbo, o si en realidad ha dejado al descubierto lo que somos y no somos; de lo que carecemos; de lo que no nos ocupamos desde tanto tiempo atrás; de nuestra incapacidad de reconocernos en las diferencias; de nuestra incapacidad de hacer una progresiva autocrítica que nos permita dar un salto cualitativo y cuantitativo para romper esta perversa reiteración hacia el pasado. Un país, una comunidad, un pueblo, corren el mismo triste derrotero de aquellos adolescentes que no han logrado superar esa dificultosa etapa de la adolescencia, al repetir sus conductas, sus errores, sus padecimientos. Por favor, políticos, funcionarios, gremialistas, bajen de sus pedestales, miren a los ojos a la gente, caminen entre ellos como simples ciudadanos y observen la realidad; achiquen los gastos y detengan los proyectos innecesarios o inoportunos, en especial, en estos dificilísimos momentos. Les aseguro, si se animan, que la patria se los reconocerá.
Florencia Aráoz
Santa Fe 990 - San Miguel de Tucumán
- Doctor Amenábar
En principio, Dr. Jesús Amenábar, le deseo una pronta recuperación y sin secuelas para su salud, al igual que para toda su familia. Dicho esto, debo expresarle mi molestia por su carta y no por la crítica en sí que en la misma hace contra el sistema público de salud, sino porque la crítica segmentada y elitista siempre conlleva verdades a medias y también verdades que se ocultan. Me molestan sus palabras, porque invita a la juventud al desánimo, a la falta de reconocimiento y gratitud hacia una educación pública, gratuita y de calidad, que no muchos países pueden ofrecer. Me molesta porque no escuché de su parte criticar al gobierno de Macri cuando degradó al Ministerio de Salud de la Nación, quitándole presupuesto y recursos al sistema. Tampoco leí ningún repudio de su parte ante los millones de vacunas vencidas que dejó la CEOcracia macrista, lo que confirma que para esa gente la prioridad no era nuestro pueblo, sino los negocios y utilidades de un pequeño segmento de la población y los de sus socios externos. Me molesta su carta, doctor Amenábar, porque no la escribió desde un sanatorio privado de EEUU (cuna de la meritocracia, que roza los seis millones de casos y superó las 183.000 muertes por covid), sino desde una sala del hospital público tucumano, totalmente equipado (como muestra la foto que usted publicó) y al cuidado de profesionales de la salud que, además de héroes y heroínas, son víctimas de inescrupulosos que marchan contra la cuarentena -exponiéndose al contagio y exponiendo a los demás- cuando el Gobierno recomienda quedarse en casa y, de mínima, respetar el uso de barbijo y el distanciamiento social. Lamento su resentimiento y odio, doctor Amenábar, pero una media verdad jamás será una verdad.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
- Salud
Me sorprende el mensaje oficial sobre los infectados por covid-19. Esto se debe a que espero que se aclare que significa estar infectado y que significa estar enfermo. El virus está entre nosotros y se quedará para siempre. El hombre en contacto con el mismo lo lleva en sus vías aéreas superiores, pero nuestro sistema de defensa nos defiende y así no presentamos síntomas. Esto se llama portador asintomático. Por otro lado, si la carga viral es elevada y/o el paciente tiene sus defensas disminuidas, se enfermará. Por esto, sugiero ante esta pandemia: no crear miedo (producto del estrés que se vive) y saber cuidarse a través de los protocolos y haciendo una vida saludable. Tomando al portador sano como un enfermo es una iatrogenia. Una cosa es el infectado (cuyas cifras irán en aumento) y otra cosa es el enfermo (quien presentará signos y síntomas de enfermedad, fundamentados en los hisopados positivos de los laboratorios). La comunicación oficial debería ser más clara.
Eduardo Martínez
Balcarce 734 - San Miguel de Tucumán
- La antipolítica
En reciente entrevista de este diario con el ex director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, puede leerse: “En la Argentina todo está infectado de política en el peor sentido de la palabra, como actividad partidaria, sin un programa, una visión o una filosofía, simplemente porque yo soy de Boca y usted es de River nunca nos vamos a entender”. Luego ilustra el punto con una anécdota referida al fútbol. Esta posición refleja el “discurso político de la antipolítica” que tuvo su auge en nuestro país los últimos cuatro años; hijo bastardo del “que se vayan todos” y hermano gemelo del “son todos iguales”. No necesitaríamos de la política (ni de las instituciones, ni de la cultura misma) si no hubiera conflictos de intereses entre los seres humanos. Las visiones tecnocrático-gerenciales de la política (y sobre todo del Estado) tienden a eliminar de lo político la dimensión del conflicto, de la alteridad y de las relaciones desiguales de poder. Sigmund Freud nos enseñó hace más de 100 años que el ser humano está habitado por muchos más inquilinos que la razón. No todo es “posible”, no siempre “podemos”, y quizás los argentinos -después de todo- no seamos “imparables”. Como el desacuerdo nos recuerda la existencia de las diferencias, frente al imperativo consensualista, invocamos la pluralidad y la diversidad.
Rodrigo Camposalvo