¡Fuerza, Pablo!
A Pablo , el papá de Solange, la cordobesa que murió de cáncer, no le permitieron ver y despedir a su hija. Pablo rogó que lo dejaran entrar a la provincia pero no hubo caso, no consideraron su situación como la de otros con más suerte o mejores contactos. Artistas, políticos, futbolistas y demás ingresan al país y a las provincias argentinas con menos exigencias. No consideraron que el padre quería ver por última vez a su hija. ¿No pudieron hacerle un test rápido? No quisieron. Esta triste historia solo le pasa a la gente común, al común de los argentinos que carece de un contacto, de dinero o vaya a saber de qué otra cualidad que permite acceder a los que otros no pueden, la mayoría sin privilegios, sin derechos. Las autoridades no aplican el sentido común muchas veces; y con esto se puede decir que nunca. ¿O acaso no vieron que era un padre al que se le moría una hija? Era el último abrazo en esta vida, el último beso hasta el reencuentro. Me duele porque soy padre y desde lejos, desde Tucumán, pude sentir lo que sintió Pablo.
Williams Fanlo
willyucr@gmail.com
Solange, su papá y la bioética
La bioética y la dignidad humana están de luto. La dignidad humana ha sido desconocida. Los cimientos de la República han sido corroídos y la sociedad, atónita, observa cómo el sentido común ha sido relegado a su mínima expresión, en detrimento de una paciente terminal a la que le tocó morir dos veces: de cáncer y de soledad y desamor . Y este hecho tremendo para la dignidad de los pacientes, para la dignidad de Solange en particular, que en sí conlleva la de todos los pacientes del mundo, nos hace pensar que, cuando hacia los 80 del siglo pasado paríamos con Mainetti, Tealdi, Allegro y otros amigos médicos, filósofos, eticistas y abogados la primera Comisión Nacional de Bioética, en la que trabajamos muchos años, este tipo de sucesos habrían de aminorarse hasta desaparecer. Y hoy esta realidad nos pega muy duro en nuestra sensibilidad profesional e intelectual de años de trabajo y afecta gravemente los principios de la bioética, el de beneficencia, que establece que se debe buscar siempre el bien del paciente, físico y también espiritual; el de no maleficencia, que indica que si no se puede proporcionar el bien, se debe intentar hacer el menor mal posible; el de justicia, que determina que a todos les corresponde en igual medida, de acuerdo a sus posibilidades y a la situación que da marco a la situación. Todos estos principios de han vulnerado, heridos de muerte frente a la situación de una paciente que muere sola sin poder besar a su padre por tecnicismos legales en un país que llegó a tener su Comisión Nacional de Bioética -que tuve el honor de integrar durante diez años- y que también dejó de funcionar por tecnicismos que miran más la letra de lo que piensa el funcionario de turno que la realidad del paciente y su núcleo familiar. La bioética es vida pura, se alimenta de decisiones correctas que solamente piensan en el beneficio del paciente y su núcleo de afectos y la realidad de todos los pacientes, que necesitan atención y tratamientos médicos, sí, pero que por sobre todo y casi diría siempre, necesitan de la mano del médico y de sus seres queridos cuando comienza el viaje que les hace dejar esta tierra para otros destinos, según las creencias de cada uno. Desde hace mucho tiempo los profesionales sabemos que “el médico cura poco, alivia mucho y consuela siempre”... y creo que es tiempo de que la sociedad y los gobiernos -y los funcionarios sobre todo- aprendan un poco de bioética y derechos de los pacientes para que esto no vuelva a suceder. Ojalá así sea .
Armando Pérez de Nucci
perezdenucci@gmail.com
Perdón, Solange
He leído en LA GACETA que murió Solange. Me asombraron sus últimas palabras: “Lo que han hecho es inhumano... queremos vernos... Los trataron muy mal... hicieron lo que quisieron, como si fueran delincuentes”. Duele ver en lo que se han transformado las instituciones; ya va más allá de la corrupción; es que al no corregirse ellos se han transformado y, como dijo Solange, lo que han hecho es inhumano. Te pido perdón, Solange, por no decir basta, basta de corrupción, basta de arrebatar los derechos. Y es que es como vos decís, ¿Estaríamos en manos de delincuentes? ¿Y en ese caso, qué debemos hacer al tomar conciencia de ello? Es que una pandemia no impide analizar nuestra conciencia, cada uno debe ser responsable de lo que dejaremos de nuestra Patria. Estamos equivocados si creemos que mientras no nos pase que hagan lo que quieran, porque ya será tarde. Señores legisladores, diputados, senadores, jueces, gobernadores, ¿No se dan cuenta de lo que está pasando?
María Ofelia Sal
La Madrid 486, Primer piso of 17, San Miguel de Tucumán
Banderazo
Con el debido respeto al Sr. Francisco Amable Díaz, me permito hacer algunas consideraciones a su carta (21/08) pues estimo que me involucra como integrante de “…un buen grupo de argentinos que sin saber bien de qué se trataba, transgredieron toda norma vigente y salieron a contagiar y contagiarse del maldito coronavirus…”; aseverando que lo hicimos movilizados por “…dos trasnochados mareados y otro que abandonó el barco…” (no conozco a quiénes se refiere). En primer lugar lo invito a leer mi carta “Manifestación Ciudadana” (18/08) para que conozca mis motivaciones de alentar esa marcha. En segundo lugar, considerar su desafío de que en los primeros días de septiembre “…veremos quién ganó o perdió en esta estéril puja…”. Don Díaz, considero que defender la República como me obliga la Constitución de la Nación Argentina es una acción fertilizante de nuestro deber como argentinos, tan alejada de la esterilidad a la que alude. Además, al sentirse espectador de la “puja” y no involucrarse decididamente en imitar a nuestros próceres (en especial en el día de la inmortalidad del General San Martín), daría la impresión (y espero estar equivocado) de que conoce parcialmente nuestra realidad histórica desde aquel lejano 1943; que, aunque Ud. no lo crea, por esa historia hoy ocupamos el lugar de escolta de Venezuela en el “Índice de Miseria Global”, seguidos por Sudáfrica, Turquía y Colombia. En fin Don Díaz; le aseguro que he medido las consecuencias no obstante considerarme Ud. como un “…inconsciente…” al defender sin reparos a la República Argentina, la que está por encima de cualquier grieta y/o virus coronado.
Luis Vides Almonacid
luisvides47@gmail.com
Fanáticos
No puedo más que coincidir con la lectora Estela del Carmen Presti, quien en su carta del 21/08 expresa su opinión crítica hacia aquellos que se desenvuelven en la vida abrazados a ciertos fanatismos. Define al fanático como aquel que tiene una actitud de apasionamiento desmedido e irracional con el fin de defender una idea, una causa o a un personaje . A esto yo le agregaría lo peligroso de muchos fanáticos, sobre todo aquellos que ponen en riesgo sus propias vidas y la de otros con tal de defender o rechazar ciertas causas. Me refiero, por ejemplo, a aquellos que de una manera irracional salieron a marchar por las calles en estos tiempos en que un virus letal circula en todos los ámbitos, escuché gente decir que no le importaba enfermarse con tal de que se fuera el gobierno de Fernández, por ejemplo, o la irresponsabilidad de un intendente de una ciudad de Santa Fe que marchó en medio de su pueblo y hoy se encuentra infectado y seguramente contagió a muchos de sus vecinos. A estos no solo lo llamaría fanáticos, habría que agregarles algunos adjetivos más. También es grave el fanatismo de ciertos comunicadores que con tal de ejercer su acostumbrada oposición a ciertos políticos inducen a desoír los pedidos de prevención y operan en contra de la cuarentena; algunos de ellos hoy están infectados y probablemente muchos de sus seguidores también. Es triste también ver a aquellos fanáticos que dicen que no les importa “comer piedras” con tal de que una ex presidenta no vuelva al poder, y ni qué hablar de aquellos fanáticos que directamente le desean lo peor, hasta la muerte inclusive, a aquellos que pertenecen a otras ideologías políticas. El fanatismo dialéctico es casi inofensivo sobre todo cuando quienes lo practican son ciudadanos comunes y con poco o nula ascendencia sobre el resto de la sociedad. Por el contrario, el fanatismo “practicante” es muy grave y peligroso. Para ser más gráfico lo llevo al ámbito del fútbol: están los fanáticos que sufren o disfrutan exageradamente por los devenires de su equipo favorito y que como mucho pueden llegar a “chicanear” o bromear con sus rivales y queda en ello y no hacen daño alguno (yo me “anotaría” en este sector). Pero también están los fanáticos que pierden la razón a tal punto que ejercen distintos tipos de violencia causando daño a los demás y exponiéndose también a ser dañados. Estos son repudiables y también dignos de pena.
Oscar Alberto Beltrán
oscarbeltran4765@gmail.com
En Chulca, una familia con techo
A los cuatro días de que LA GACETA publicó la carta titulada “En Chulca, a la intemperie”, llegó la casilla para María Gabriela y sus seis hijos. No fue a instancia de las autoridades comunales sino de un particular, cuyo nombre no quiere que trascienda, pero lo importante es que una familia menos vive a la intemperie. Quiero agradecer a LA GACETA por el espacio brindado para dar a conocer la situación en la que vivía esta familia, y a la comunidad de San Pedro de Colalao, que una vez más demostró su espíritu solidario con los que más necesitan.
Julio Gancedo
julioadn@gmail.com