Siempre fue un desafío para la dirigencia de cualquier club de rugby sostener el vínculo con el socio -y el cobro de la cuota- en los meses en los que no había competencia. Pero nada se compara al invierno que esperaba en 2020, con una pandemia que puso en pausa indefinida la actividad justo cuando estaba por comenzar la parte fuerte de la temporada. Todos, desde los clubes más grandes y tradicionales hasta los más nuevos y humildes, se han visto duramente afectados por este fenómeno, pero sin duda que estos últimos lo han sufrido peor. No sólo porque en el rugby emergente y de Desarrollo todo cuesta más, sino porque el sentido de pertenencia al club y al deporte mismo no está tan afianzado como en los de más larga trayectoria.
“Es una situación difícil. Hay que estar todos los días remando, hablando, tratando de estar cerca de los chicos, para que no se sientan abandonados. Se hicieron algunas reuniones de Zoom, en las que se habló sobre ejercicios, forma de cuidarse, etcétera. Hay chicos del plantel superior a los que apenas hay que darles un empujón, porque les gusta mucho el rugby, ya traen el entusiasmo, y siempre están preguntando cuándo volvemos. Con otros más nuevos hay que trabajar un poco más, para nutrirlos del sentido de pertenencia al club”, ilustra el entrenador Néstor Mancilla, el famoso “Franky” que le da nombre a la Asociación Civil Franky & Cía Rugby Club. Junto con Tomás Albarracín y Ernesto de Chazal está al mando del plantel superior.
Una forma muy común en los clubes de abonar ese sentido de pertenencia es a través del trabajo. Por ejemplo, un predio siempre estará más limpio si quien lo ensucia o lo descuida es quien después lo tiene que limpiar. “Cuando se cortan los yuyos del club, a veces pido que se los deje ahí, para que cuando vengan los chicos, nos ocupemos entre todos de sacarlos. Esas cosas te hacen querer y cuidar al club”, resume “Franky”.
“El club se mantiene con el cobro de una cuota mínima, salvo en infantiles. Durante el tiempo que estuvimos parados fue meramente simbólica, como para que los chicos se mantuvieran conectados al club de alguna manera”, comenta Emilia Ávila, quien cumple las funciones de tesorera y manager del equipo femenino. “Ahora estamos volviendo a los entrenamientos bajo protocolo en el complejo del ex Banco Empresario, en Lavaissé 1.250. Hay chicos que se quieren sumar, pero los padres aún están con cierto temor por el tema de los contagios. De todos modos, se cumplen con las medidas de seguridad”, advierte.
Soledad Reynoso es la capitana del equipo femenino de Frankycia XV, que busca reforzarse con chicas que se animen a probar la disciplina. “Siempre son bienvenidas más chicas, lo importante son las ganas de aprender. Los profesores siempre están atentos para explicar las cosas y el resto de las chicas y los chicos también”, alienta Soledad, que junto a sus compañeras se entrenan martes, miércoles y jueves a partir de las 15. “Antes, durante el aislamiento, estuvimos siguiendo rutinas que nos pasaba el preparador físico, pero ahora volvimos al club, aunque con el protocolo de prevención: nos toman temperatura, nos desinfectamos las manos y nos entrenamos por turnos en grupos reducidos y sin contacto”.