Es hora de resucitar la bicicleta, pensó Nicolás Toro (42). Desde que dejó la casa de sus padres, hace 10 años, no había imaginado volver a treparse a la bici para ir a trabajar. Debido a la pandemia y a que él considera un riesgo subirse a un colectivo lleno de gente, ahora está analizando ir pedaleando a la oficina en la cual trabaja todas las mañanas. La distancia que debe recorrer no es tanta: unas 20 cuadras desde el barrio Modelo. Y todavía no hace un calor insoportable en Tucumán a la hora que vuelve, a la siesta. Además, ahorrará dinero y ganará una mejor calidad de vida. Sumado a que se expondrá menos a la posibilidad de contagiarse de coronavirus.
Bicis, protagonistas del futuro por varios motivosPuso todo en la balanza. Y se convenció. Desempolvó la bicicleta y la llevó al taller. Le costará $ 5.000 ponerla a punto. Necesita frenos y ruedas nuevas, para empezar. Pero Nicolás está convencido que esa inversión la amortizará en poco tiempo y que vale la pena hacer el esfuerzo. Pero hay un detalle más: tendrá que ser paciente. El bicicletero le dio turno para dentro de 20 días. Ese taller, al igual que muchos otros en la provincia, está lleno de pedidos.
El mayor trabajo en las bicicleterías es una señal de algo que está pasando en todo el mundo y que tiene su correlato en nuestra provincia. La bici se está posicionando como un medio clave en las actuales circunstancias, sin vacuna a la vista y con el distanciamiento social como nuevo mandamiento en las ciudades. Se cree, además, que esto irá mucho más allá de 2020. Hay quienes hablan de micromovilidad como la clave para el desplazamiento en la pospandemia.
Hay muchas otras señales que avizoran cambios. Según una reciente encuesta de Adecco, casi la mitad de los trabajadores argentinos (46,74%) evitará el uso de los medios de transporte públicos en los próximos meses. ¿En qué se movilizarán los tucumanos? ¿Usaremos más motos, bicicletas, monopatines y bicis eléctricas?
Patricio Mitrovich dice que a simple vista sí se nota un incremento del uso de la bici. “Siempre son buenas noticias porque venimos para atrás en cuestiones de sostenibilidad. Si esta tendencia se acentúa habrá que invertir más en infraestructura, algo que los gobiernos suelen hacer sin consultar y que, al final, termina siendo algo que poco le sirve al ciclista”, remarca el joven integrante de Meta Bici, organización tucumana dedicada al fomento de la bicicleta como medio de transporte.
Por los talleres
Los talleres son por estos días verdaderos termómetros del creciente interés por las bicicletas. Según los dueños, el fenómeno está en aumento e impulsó el acondicionamiento de los rodados.
José Ponssa revisa su registro de trabajo y se da cuenta que a partir de julio se incrementó la demanda de reparación de rodados, sobre todo de aquellos que habían permanecido un largo tiempo guardados. De acuerdo a su percepción, más personas salen a pedalear para evitar estar en lugares cerrados, como por ejemplo los gimnasios.
“También mucha gente pasa por aquí y me pregunta si tengo bicicletas usadas para vender. Me quedó solo un par”, confiesa el joven, mientras se esmera por dejar como nueva un rodado que estuvo, por lo menos, dos años olvidado en algún rincón.
Algo similar le pasa a Conrado Kresani. Muchos de sus clientes llegan con su bicicleta en desuso. Algunos quieren recuperarla porque piensan dejar el transporte público y empezar a movilizarse en dos ruedas apenas pase un poco el frío, detalló. A él lo buscan por dos tipos de trabajo: además de rescatar bicis, les puede agregar un motor y convertirlas en bicimotos, vehículos económicos que pueden alcanzar los 50 km/h.
“Creo que en la pospandemia la demanda va a seguir creciendo más que nunca” explicó y agregó que la bicimoto, como también el monopatín o la bicicleta eléctrica, son medios con los que la gente buscará reducir los riesgos de contagio y también abaratar los costos de traslados.
“Cada día más gente se está animando a usar este medio de transporte. Te permite recorrer distancias cortas de una manera más rápida. La única contra en Tucumán es que tenés que fijarte bien tu recorrido, por la inseguridad”, finalizó.
Conrado cuenta que en los últimos tiempos comenzaron a surgir algunos nostálgicos de los vehículos a pedal quienes, al advertir que en su casa tenían alguna bicicleta antigua, buscaron restaurarla y usarla. En su taller, de hecho, ahora está trabajando en un rodado de 1928.
Kresani y Ponssa coinciden en que los principales service que están haciendo incluyen cambio de cámara y cubiertas y limpieza general. Esto es lo que suele sucederles a las bicis guardadas por mucho tiempo. A veces pueden necesitar pintura y cambio de frenos. Para pasar por el taller, hay que pensar en una inversión que ronda los $ 5.000 o $ 6.000. Igualmente, aclara Ponssa, cada caso es particular: “hay rodados que son de muy buena calidad y pueden haberse conservado mejor que otros”.
También en ciudades del interior, como Concepción, la pandemia les dio un envión a las bicicleterías. Carlos Grenger cuenta que cada día más personas buscan reparar su rodado o compra uno nuevo, generalmente de media gama (cuestan entre $ 35.000 y $ 60.000). Y son las mujeres las que llevan la delantera en esta movida, según cuenta.
Los costos de la micromovilidad
- $ 35.000 cuesta comprar una bici nueva, de media gama. Se puede gastar hasta $ 60.000.
- $ 72.000 y $ 90.000 Cuestan en el mercado las bicicletas eléctricas. Se enchufan igual que un celular.
- $ 40.000 valen los kits para agregarle la función eléctrica a cualquier bicicleta que tengas en tu casa.
- $ 46.000 cuestan los monopatines eléctricos más económicos. Los más sofisticados oscilan entre $ 70.000 y $ 90.000.
- $ 10.000 es el precio al que se puede conseguir una bicicleta usada en buen estado.