“Puesto que el pasado no puede destruirse lo que hay que hacer es volver a visitarlo, con ironía, sin ingenuidad”, escribió Umberto Eco en 1989. Remanidas frases, como la de que todo tiempo pasado fue mejor, están más que vigentes por estos meses; afirmaciones, por caso, que nunca fueron probadas.
Pero más que la nostalgia, es la incertidumbre la que nos corre hacia atrás. Nunca como ahora, al parecer, el presente y el futuro fueron tan efímeros y fugaces; y el arte tan fluido. Como anticiparon hace más de un siglo y medio Marx y Engels, “todo lo sólido se desvanece en al aire”. Estas sí son frases que se las ve en lo cotidiano sin dificultades.
Gran parte de ese registro de la memoria se encuentra en la fotografía, que se posiciona como el medio más apropiado para esa visita a décadas que ya no regresarán. Del pasado nadie puede desprenderse, pero también es una construcción, a no equivocarse. La cámara es una gran herramienta que nos habla de eso que ya no está, que fue o ha sido (o que incluso tal vez no lo fue); registro, testimonio y documento.
El Archivo Histórico de la Provincia tiene imágenes y documentación de los orígenes de la ciudad hasta hace 50 años, dice su director José Sánchez Toranzo. Por las redes sociales la institución sube habitualmente las efemérides, con información al respecto.
El año pasado, una selección de retratos de la Colección Bachur se expuso en el Museo Casa Padilla, algunas de las cuales evidenciaban que estaban pintadas.
Marcela Alonso y Claudia Epstein son las curadoras de una exposición que quedó pendiente por la pandemia en el Museo de la UNT que dirige la segunda, “Relatos imprudentes”, en la que se exhiben entrevistas y retratos del famoso Estudio Luz y Sombra (ubicado en Maipú al 400), que poseía grandes decorados y fondos de galería. En el trabajo de Carlos Darío Albornoz se atesora un interesante reportaje a Margarita Bachur, que acompañó a su padre en la tarea.
Los videos de este trabajo pueden observarse en la cuenta del MUNT. De todos modos, Alonso aclara que se advierte ese interés desde antes de la pandemia: “se puso de moda pero ya hace dos años”, asegura.
Propuestas
Tucumán Antiguo tiene más de 27.000 seguidores, y allí se publican fotos, documentos y contenidos diversos. Entre sus requisitos, pide a sus seguidores no publicar promociones o spam, nada de política, bullying ni lenguaje ofensivo.
Pero, específicamente, es la cuenta Fotografía Antigua la que exhibe las imágenes de un pasado no tan lejano, y de la necesidad de expresarlo. En la web también funciona otra cuenta: Tucumán en Fotos, que rescata espacios que continúan en el presente pero están en riesgo de desaparecer, se indica.
El historiador Abel Alexander le contó a este columnista que la fotografía antigua se encuentra en las casas familiares y tienen un valor patrimonial.
Desde algunos meses, son muy pocos los que no han disfrutado en sus casas en desempolvar cajas grandes y pequeñas: con alegría y tristeza, angustia y melancolía, pero con mucho sentimiento. El recuerdo es volver a pasar por el corazón: del latín, ri-cordis.
Memoria colectiva
En Fotografía Antigua la idea principal es subir imágenes que disparen un recuerdo, o una sensación al lector. “Preferiblemente son fotos guardadas en antiguos álbumes o baúles familiares, las que predominan en el conjunto”, cuenta José María Posse, integrante del Instituto Belgraniano. “Es algo esencial en la construcción de la identidad de un pueblo”, agrega.
El grupo fue creado por Paul Hoff, sobre una idea similar que se inició en Bogotá, Colombia, como una forma de crear una memoria fotográfica colectiva.
El sitio en Facebook tiene más de 30.000 amigos y se estima que es conocido por alrededor de 300.000 usuarios.
Se pueden ver fotos de LA GACETA, pero también perlitas; ”son verdaderos tesoros fotográficos que nutren nuestro archivo compuesto por varias miles de imágenes que son públicas desde el momento que se acepta colocarlas en nuestro grupo”, dice Posse. El administrador relata que tuvieron que eliminar comentarios y bloquear a veces a personas que reinciden en incumplir las reglas, como las que impiden difundir temas políticos o religiosos; o las discusiones agresivas, con insultos o intolerancia.
Interacción
En este grupo es posible la interacción: por ejemplo, Benjamín Arnedo incorporó color al blanco y negro a una serie de fotografías; es un sampleo de imágenes con técnicas para realizar el upscaling, explica. Las frutas y limones de un camión en el interior del Mecardo de Abasto son amarillas y se reconocen en esta “Memoria en Color”, como la titula.
Pero no es el único: en distintos posteos aparecen las intervenciones que buscan alejarse del blanco y negro. Pese a que se sabe que esos son, puntualmente, los colores del recuerdo.
“En estos últimos cinco meses hemos tenido un crecimiento exponencial, ya que la gente busca este tipo de sitios como forma de distraerse y evadirse un poco de la realidad de la enfermedad que nos azota como humanidad, de las crisis económicas y de problemas familiares o personales”, describe el historiador.
¿Qué puede verse?
Historias de los ingenios azucareros, trabajos de Lola Mora, breves biografías de personalidades de arte, de la cultura y de las ciencias; y el por qué del nombre de ciertos lugares son algunas de las “ofertas”.
Un espacio muy destacado lo ocupan las imágenes de la historia y la ubicación de viejos edificios, así como eran antes. El Mercado de Abasto, la construcción del Palacio de Tribunales o escenas alrededor de la Plaza Independencia, con tranvías y trolebuses circulando cerca de la Catedral, y paisajes de San Javier y de Raco.
“Algunas fotos son familiares, y no parecen tener mayor entidad, pero de pronto aparece un desconocido y trae un recuerdo, y sube otra imagen que arma una historia maravillosa relacionada que comentan cientos y dan likes cientos o miles. En lo personal, he podido subir muchísimas historias de mi autoría sobre Tucumán”, indica Posse.
No todos opinan lo mismo, claro está.
Documentalismo
El artista y teórico de arte Luis Camnitzer describió que es posible volver al romanticismo individualista: “encerrados en casa, sacar fotos de las flores en una maceta o algo por el estilo. La foto está en capturar la pantalla con datos y procesar esos datos, la fotografía pasa a una mediación de una mediación y no ya a la extensión del ojo biológico”, precisa.
“La fotografía documentalista adquiere nueva relevancia: por un lado está el peligro que la autoría romántica vuelva a adquirir fuerza y por otro lado está la necesidad de documentar lo que está pasando... Siempre fue lo más importante la imaginación”, sostiene.