De la memoria
Por Hugo Foguet
Cuando al terminar julio florecen los lapachos, el cielo todavía es azul y las grandes nubes, que prestarán su sombra al verano esperan agazapadas detrás del San Javier. Entonces me gusta volver sobre mis huellas pisoteando esa cáscara oscura que la memoria desprendió en otro tiempo:
los días que siguen de pie, como los escombros de una casa bombardeada, unos ojos que perdieron su color, una sonrisa que quiere ser misteriosa todavía, al cabo de los años una manera de volver la cabeza sobre el hombro, de recitar cansados parlamentos, de enumerar fechas, de coleccionar crepúsculos y enterrar escarabajos con la secreta esperanza de sobrevivir a tanto sol y tanto polvo.
En Profundidad
Algunos retazos de luz
Por Isabel Aráoz / doctora en Letras
En la intimidad del cajón revuelvo papeles que hace tiempo dejé descansar. Son parte de un tiempo pasado, cuando me dedicaba a estudiar la obra literaria de Hugo Foguet. Indudablemente, una puede volver a las lecturas que amó para afirmar aquello que dijo alguien por ahí de que somos lo que hemos leído.
Mi dedo se detiene en el sello de LA GACETA-Archivo fechada un 5 de enero de 1975 y un número de registro 14.532. Se trata del poema “De la memoria” escrito por Foguet para el diario, acompañado de una ilustración de trazos simples de Isaías NouguÉs (h). El texto no fue incorporado a su libro póstumo “Naufragios” (El imaginero, 1985) y, luego de muchos años fue incluido como “textos recobrados” en el libro “Obra poética” (2010, Ediciones del Dock-Facultad de Filosofía y Letras, UNT).
Sol y polvo
Junto con otros poemas como “Naufragios III” y “A las tipas y lapachos de la avenida Mate de Luna, talados por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, en los meses del verano 1973”, Foguet inscribe una geografía poética desde la afectividad. La nostalgia del navegante se mezcla con un tímido deseo de perdurar ante tanto sol y tanto polvo.
El poema se convierte en esa “tierra de los libros” hecha de trozos sueltos, pequeños gestos que se encadenan verso a verso. Un rosario en miniatura de imágenes cálidas y efímeras, siempre amenazadas por el olvido. Es ese ojo que, desde arriba, acecha al caminante en el dibujo de Nougués.
Es el recorrido que se traduce en palabras, en las que convergen armoniosamente sujeto y naturaleza. Poema que se convierte en tierra habitable. Lenguaje que funda un andar y un aquí enlazados a una memoria que pretende conservar algunos retazos de luz frente a la destrucción del tiempo.