La pasión por el teatro consumió las fuerzas y los bolsillos de Agustín Alezzo. El último de los grandes maestros escénicos históricos del país falleció ayer, a los 84 años y enfermo de coronavirus, sin ver inaugurada su sala El Duende en el barrio de Villa Crespo (Capital Federal), la tercera sede que iba a tener su escuela de actuación.

Su prestigio le valió hace dos semanas que el Instituto Nacional de Teatro (INT) le otorgase un premio especial a la trayectoria, dotado de $400.000, destinados al salvataje de su academia. “Su fecunda labor lo ubica entre los referentes más importantes del teatro argentino contemporáneo”, se destacó en la resolución de ese organismo. Ayer, la Asociación Argentina de Actores lo despidió recordando su solidaridad, compromiso y activa participación cada vez que se lo convocaba. En 1999, el Senado le había entregado el Premio Podestá.

Emblema de la actividad independiente, Alezzo estaba internado desde hace un mes, alojado en una habitación común luego de superar semanas en terapia intensiva. El empresario teatral Carlos Rottemberg fue el encargado de anunciar en Twitter el súbito deceso.

Por su talento, era el preferido al elegir un profesor de actuación enrolado en la estética del ruso Konstantin Stanislavski. Fue discípulo de Hedy Crilla y se perfeccionó en Estados Unidos con Lee Strasberg. Protagonista de la escena desde 1955 (cuando tenía 20 años), integró los grupos emblemáticos Nuevo Teatro y La Máscara. Ricardo Darín escribió en Twitter: “adiós amigo y gran Maestro. Ser humano especial. Cómo no llorarlo”. “Menos luz sin su mirada”, publicó Mercedes Morán; mientras Mario Segade consideró que su deceso clausura el ciclo de oro de los grandes formadores de teatristas.