¿Qué hacer con las obras de arte y las películas que hoy se cuestionan por sus discursos?
El antiguo debate acerca de si es posible enjuiciar la historia del arte a la luz de la sensibilidad contemporánea resurgió luego de que una plataforma de streaming retirase de catálogo el film “Lo que el viento se llevó” por su visión racista y esclavista, lo que divide opiniones entre especialistas consultados por Télam.
El debate generó posturas disímiles luego de que HBO cancelara la película de 1939 protagonizada por Vivien Leigh y Clark Gable, como respuesta a un artículo del guionista John Ridley, quien señalaba que el filme omite “los horrores de la esclavitud” y “perpetúa los más dolorosos estereotipos de la gente de color”.
“Me parece un gesto simbólico pleno de sentido, muy interesante e importante. Las obras de arte no son ‘correctas’ o ‘incorrectas’. Son creaciones humanas densas de significados que se proyectan más allá de su contexto original, más allá de las ideologías que acompañaron su creación”, dice a Télam Laura Malosetti Costa.
El escritor, ensayista y curador Rafael Cippolini dispara: “No les creo nada. Es una medida financiera: un cálculo sobre la reacción de una probable opinión pública sensible. Censurar en todos los casos es la acción desesperada de un status quo que deplora el conocimiento”.
“Es una nueva inquisición”, exclama Américo Castilla -director de la Fundación TyPA y ex secretario de Patrimonio Cultural- que no “crea una visión uniforme de la existencia, sin evidencias de su pasado”.
En esa misma línea, la docente, ensayista y crítica de arte Elena Oliveras opinó que “censurar el film realizado en 1939 no va a cambiar la historia. En todo caso contribuiría a olvidarla, fingiendo que la segregación nunca existió”.
Para la crítica y curadora Eva Grinstein “es un disparate” quitar de catálogo “una obra maestra del cine histórico y, como tal, una herramienta valiosísima para entender mejor una época y sus vicisitudes”, señala.
Para Andrea Giunta, autora de “Feminismo y arte latinoamericano”, la censura de obras no promueve un verdadero cambio en la conciencia en las personas. “No es necesaria”, afirmó.