REGULAR

STAND UP / POR NETFLIX

“Simplemente no te quiere” no sólo es una película de culto entre los adictos a las comedias románticas; también una frase que sirve para afrontar con realismo y madurez las aventuras amorosas fallidas. Cuando una relación no se da pensamos “¿qué hice mal?” La respuesta muchas veces es “nada”. Y la reflexión posterior: “simplemente no te quiere”. Algo similar sucede con “Amo todo”, el show de stand up de Patton Oswalt. Justamente él -que ama todo- quizás hace todo “bien” en su monólogo pero, simplemente, no termina de engancharnos. No lo amamos, no.

El espectáculo estaría aprobado por cualquier escuela de comedia. El actor y guionista de Hollywood (muchos lo recuerdan por ponerle la voz a Remy en la película animada “Ratatouille”) hizo todo lo que el manual del género indica, nada puede achacársele. Se muestra débil, se burla de sí mismo, juega con una voz privilegiada, pone el cuerpo en la mayoría de las situaciones que relata y sus remates son precisos y siempre a tiempo. Su cara es expresiva y la pone a trabajar bastante para que la vean desde la última fila del pullman.

“¿¡Qué hice mal, entonces!?”, se preguntará desesperado. Nada querido Patton, simplemente, no me enganché. La química que producen shows quizás menos “correctos” como los de Louis CK, Ricky Gervais o David Chappelle terminan siendo mucho más efectivos y graciosos, que en definitiva es lo que nos importa cuando experimentamos con este género.

Los temas -en su mayoría- son correctos. Las dificultades amorosas en los 50 suelen ser un gatillo para las risas. Políticamente también se muestra correcto enalteciendo el movimiento #MeToo y criticando a Donald Trump. Hasta la escenografía sobresale si la comparamos con otros shows. ¿Cómo no quererlo, entonces? Simplemente, no.

Quizás por eso las risas sean una cuestión matemática. No se trata de sumar situaciones y rematarlas, como suele enseñarse en los cursos de stand up. Cientos de personas se mataban de la risa con Oswalt en ese teatro de Charlotte, Carolina del Norte (EEUU), donde se filmó el show. Sin embargo, de este lado de la pantalla la risa no estaba al filo, ni mucho menos. Es como si la energía se mantuviera baja todo el tiempo.

Quizás el momento más flojo del programa (dura una hora, tampoco es tanto) son los últimos 20 minutos, dedicados enteramente a Wendy’s. Es una cadena de hamburguesas como Mc Donald’s que no puede generar mucha gracia más allá del territorio norteamericano.

“Han sido un público maravilloso”, cierra su show el comediante en otra declaración de amor, cómo correctamente lo hacen muchos. Los charlotteanos le corresponden. Los tucumanos decimos muchas gracias, pero no.