El asesinato de Cecilia Elizabeth Brito sacudió al sur de la provincia. El caso tuvo una serie de ingredientes que lo hicieron especial porque supuestamente había implicados que plantearon pistas falsas, sospechas de que allegados al poder podrían haber tenido algún tipo de participación y tuvo un trasfondo narco. Y cuando la causa navegaba por el tormentoso mar de la impunidad, surgió una confesión que ayudó a llegar a dos durísimas condenas. Sin embargo, acaban de cumplirse nueve años del brutal homicidio y todavía no está claro si los condenados fueron realmente los autores y si hubo otros partícipes.

Cecilia tenía 18 años. El sábado 11 de junio de 2011 fue a bailar al boliche Bongó que estaba ubicado al frente de la plaza principal de La Cocha junto a sus hermanas Florencia (17) y Carmen (22). Era una salida familiar en busca de diversión. Cerca de las cinco decidió marcharse a la casa de una hermana. Pero nunca llegó. En el camino, alguien la hizo subir a un vehículo y la llevó a un lugar desconocido. Nadie reclamó su ausencia porque todo sucedió muy rápido.

El frío matinal se hacía sentir en La Cocha. No había helado, pero faltó muy poco. Jorge Enrique Santillán, cerca de las 7.30, se fue a buscar su caballo para llevarlo a una canchita de fútbol ubicada cerca de su vivienda del barrio Argentino. Días antes, empleados municipales habían cortado el pasto y el animal tenía una importante cantidad de alimento amontonado en grandes montículos. Al llegar a la zona donde había un mástil, se topó con un bulto extraño. Al aproximarse, descubrió, tapado con yuyos, el cuerpo de la joven. “Me asusté mucho. Lo único que atiné a hacer es salir en busca de alguien para que avisara a la Policía”, dijo el vecino, que agregó que no pudo dormir durante meses por el macabro hallazgo.

LA VÍCTIMA. Cecilia Elizabeth Brito tenía 18 años cuando fue asesinada. la gaceta / foto de OSVALDO RIPOLL


Mañana de rumores

A las 10 de la mañana, el lugar se llenó de policías y peritos. La ciudad estaba convulsionada por el horrible final de la joven. Los vecinos se agolparon para ver qué estaba pasando. No podían creer que ese rumor que había comenzado a circular desde muy temprano haya sido cierto. Los médicos forenses, en el lugar del hecho, ya habían anticipado cuál había sido la causa de la muerte de Brito, diagnóstico que fue confirmado luego con la autopsia.

Cecilia recibió un impiadoso castigo físico. Primero abusaron sexualmente de ella y, para borrar las evidencias genéticas, lavaron sus partes íntimas, ya que quedó demostrado que lo hicieron introduciendo algún elemento que generó varias lesiones. Después, le desfiguraron la cara con golpes de puño; presentaba fractura de mandíbula y de pómulo derecho. Por último, le llenaron la boca y parte de la garganta con pasto seco para que muriera asfixiada. Los investigadores quedaron perplejos con la saña con que habían actuado los atacantes.


El recorrido de las hermanas

La fiscala Cecilia Tasquer de Villaluenga, a cargo de la investigación, ordenó que se analizaran los últimos movimientos de la víctima. Hasta antes del mediodía, ya se había aclarado que las tres hermanas abandonaron juntas el boliche, pero luego se separaron. Florencia se quedó con su novio y Cecilia y Carmen siguieron hasta la casa paterna, en el barrio 11 Viviendas. Ahí se quedó Carmen y Cecilia siguió sola rumbo a la vivienda de Eugenia, su otra hermana.

A partir de ahí todo fue un verdadero misterio. Sí había una certeza: la joven no había sido asesinada en el lugar donde se halló el cuerpo, sino que los autores del hecho la arrojaron allí. Y se descubrió otro detalle macabro: sí o sí pasaron por el frente de la casa de la chica antes de abandonarla en la cancha, ubicada a cinco cuadras de la plaza principal de esa localidad y a tres del hospital.


Detenido y luego sobreseido

La Cocha era un revuelo ese día. Los habitantes exigían respuestas de manera inmediata. El comisario Alfredo Pineda -el mismo que sería exonerado de la fuerza años después, tras se descubierto robando cables en Alberdi; que tuvo varios procesos judiciales en su contra por apremios ilegales y el que fue absuelto en un juicio por doble homicidio- fue el que realizó las primeras actuaciones del caso junto a los hombres de la Brigada de Investigaciones Sur. Ellos fueron los que consiguieron la información de que en el boliche, Cecilia había sido acosada por su ex novio Diego “Chaveta” Ledesma.

El joven de 22 años fue detenido esa misma noche por pedido de la fiscala. Se entregó sin ofrecer resistencia en su domicilio. Los investigadores secuestraron prendas del sospechoso con manchas de sangre. Para la Justicia, “Chaveta” había sido el autor del crimen. Pese a que siempre juró ser inocente, fue enviado al penal de Concepción. Estuvo encerrado tres meses en un calabozo, aterrorizado -diría después- porque había sufrido amenazas de sus compañeros de encierro. En el penal, todos sabían del crimen del que estaba acusado. Un homicidio que genera repudio por parte de los internos y que normalmente buscan hacer justicia por mano propia.

Muchos creyeron en la inocencia de “Chaveta”. Varios testigos declararon a su favor, pero la fiscala se tomó el tiempo necesario antes de definir su situación procesal.

A fines de septiembre de 2011 los estudios genéticos realizados confirmaron que la sangre encontrada en sus prendas no pertenecía a la víctima. Fue dejado en libertad, pero la sospecha de su participación en el asesinato renacería años después.


A fojas cero

Con Ledesma sobreseído, la causa volvió a fojas cero. Al frente de la pesquisa quedó el fiscal Edgardo Sánchez, ya que su par había sido nombrada jueza. El investigador formó un equipo especial integrado por el auxiliar fiscal Miguel Varela -hoy al frente de la fiscalía especializada de Homicidios del Centro Judicial de Concepción- y el actual secretario Jorge Benítez. Lo primero que hicieron fue descartar las pistas falsas (en la jerga se les llama “carne podrida”) planteadas por personas, que en esos momentos, parecían ser testigos en la causa.

DE COLABORADORES A ACUSADOS. Luis Alberto Aguilar y William Doldan durante el juicio que se realizó en su contra.

William Roger Doldan, con varios antecedentes penales en su espalda, se transformó en un colaborador de los investigadores. Cuando declaró ante los policías, ubicó en la puerta del local nocturno un Fiat 147 azul que supuestamente pertenecía a “Chaveta”. A la familia, cuando velaban a Cecilia, le dijo que había sido alguien que no era de La Cocha. Los pesquisas malgastaron el tiempo analizando esas pistas. Comprobaron que el auto señalado estaba desarmado en un taller la noche en que se produjo el hecho. Y ningún testigo pudo dar detalles sobre la posible presencia de jóvenes foráneos en esa localidad.


Rumores desmentidos

Luis Alberto Aguilar, amigo de Doldan, también fue otro de los protagonistas de la causa. Los vecinos señalaron que con sus manos ayudó a construir una especie de refugio de plástico y cañas huecas para que los asistentes al velorio se protegieran del frío. Él, según confiaron fuentes judiciales, habría sido el principal responsable de haber iniciado el rumor de que en el crimen estaban involucrados los “hijos del poder” de La Cocha. Habló de la supuesta participación de parientes del actual intendente Leopoldo “El Puma” Rodríguez. La versión hablaba que hasta habían utilizado una camioneta Saveiro -los señalados se movilizaban en uno de sus vehículos-, pero al comparar las huellas que quedaron en el lugar del crimen se descartó esa versión, ya que se trataba de un vehículo de mayor porte.


Giro inesperado

La causa, a un año de haberse producido el crimen, tenía sus altibajos. De tanto en tanto surgía alguna pista, pero todas, en algún momento, chocaban con la nada misma. En 2012 hubo cambio de jefe en la comisaría de La Cocha. Asumió como titular el comisario Pedro Gómez -recientemente retirado de la fuerza- y la investigación tuvo un nuevo impulso. “Realizó un gran trabajo que nos permitió avanzar muchísimo”, señaló el fiscal Sánchez en una entrevista con LA GACETA.

¿Qué hizo el investigador? No se cansó de tomar declaraciones. A la vieja usanza, cuando faltan pruebas para esclarecer el caso, comenzó a indagar a todos los que podrían haber tenido algún tipo de participación en el homicidio. Con esa táctica logró romper el pacto de silencio que existía y se presentó ante el fiscal Sánchez con todas las novedades. A los días, al analizar los nuevos indicios, se ordenaron medidas que consistieron en la detención de nueve personas. Entre otros, quedaron entre rejas Doldan y Aguilar, los supuestos colaboradores de la familia y de la Policía.