El transporte de personas será una de las cuestiones a replantearse en el mundo luego de la experiencia de la pandemia de la covid-19. El hacinamiento en espacios reducidos y mal ventilados resulta un caldo de cultivo ideal, no sólo para el nuevo coronavirus, sino para cualquier peste futura. Debido a ello, expertos ya evalúan alternativas para el transporte futuro.
Subsidios para compra y arreglo de bicicletas, patinetas eléctricas, autos compartidos, más bicisendas y espacio para peatones son algunas de las iniciativas que estudian los expertos para aplicar en el desconfinamiento, y que podrían condicionar el futuro del transporte de pasajeros en la era poscoronavirus.
"La covid-19 es una invitación a revaluar la movilidad de nuestras ciudades, en aras de mayor equidad y sostenibilidad, ya que los transportes públicos tal y como los conocemos obligan a viajar a muchas personas en espacios relativamente reducidos, una práctica de riesgo en estos tiempos de coronavirus", advirtió Daniel Rodríguez, director del Instituto de Transporte de la Universidad de Berkeley (California, EEUU), y uno de los mayores expertos en la materia de la región.
Rodríguez explicó que la pandemia encuentra a la región con problemas que ya venía arrastrando, como el financiamiento del transporte público, su envejecimiento debido a la falta de mantenimiento y la necesidad de expansión para competir con el transporte privado. A estos hay que sumar los costos que el automóvil privado estaba llevando a la población, en polución y congestión.
"En esta situación estábamos cuando nos sorprende la pandemia y su recomendación de quedarse en casa, con la consecuente disminución del uso del transporte público, con un 35% y un 40% de ocupación en muchas ciudades, lo que provocó un aumento del déficit", dijo.
Otro aspecto que destacó Rodríguez fue que la disminución del transporte provocó un cambio ambiental. "Menos transporte, menos polución; casos como Bogotá y Lima, que registraron una disminución de la polución del 80% y entre un 25% y un 30% en Río de Janeiro, lo que demuestra la gran responsabilidad del transporte en la polución ambiental", indicó.
Rodríguez contó que algunos países están ofreciendo incentivos para que las personas usen más la bicicleta. "En Francia y en el Reino Unido están ofreciendo 50 Euros/Libras esterlinas para que sean usadas específicamente en talleres para mantenimiento de bicicletas. En Perú se habló de un subsidio a las bicicletas y en Bogotá, Oakland y Nueva York se abrieron espacios que antes eran para vehículos motorizados. La apuesta es que continúen siendo para bicicletas en el futuro", opinó.
Añadió que otras ciudades esperan un aumento de tráfico de autos particulares, porque suponen que algunos pasajeros de transporte público preferirán usar su propio auto. "Aunque esto puede amilanar dudas sobre exposición a la covid-19 por parte de los viajeros, genera otros costos muy altos como congestión vehicular, polución ambiental, y sedentarismo", dijo.
Rodríguez no desechó, del todo, el transporte público. "Japón tiene dos grandes ciudades donde la mayoría de la población se moviliza en transporte masivo (Osaka y Tokio), y no ha conectado ningún brote de la infección al uso del transporte masivo. Los japoneses usan máscaras, hablan poco, y no interactúan en los trenes. Este comportamiento,junto a un aire acondicionado y ventilación adecuados, parece haber sido suficiente para manejar el riesgo. Una lección muy interesante para las ciudades latinoamericanas", destacó.
Motivos del viaje
Un dato importante a criterio de Rodríguez es que el 70% de los viajes en transporte público se realizanpor cuestiones de trabajo y de estudio. "De ahí que si la experiencia del teletrabajo o telestudio aplicado durante la cuarentena continuase en alguna proporción impactaría en el número de pasajeros", indicó.
Del mismo modo consideró que se podría distribuir el horario de trabajo no en ocho horas, sino en 14, tanto en el sector público como en el privado: "de esa manera, las personas podrían trasladarse en distintos horarios". (Télam)