Un murmullo tanguero comulga con una ráfaga jazzera. Ecos ciudadanos se descuelgan de una flauta. Siluetas de corcheas dibujan la nocturnidad porteña que deambula por el pensamiento de Piazzolla y se posa tal vez en la unánime ceguera de Borges. Las improvisaciones ejercitan piruetas arrabaleras y se zambullen en una zamba del Cuchi Leguizamón. Un abrazo de músicas diferentes la cobija. “La banda sonora de mi infancia incluía tango, folklore, música clásica y música del mundo. Mis padres amantes de la música regresaron a Tucumán a mis seis meses de vida. Mi madre me llevaba a conciertos, y festivales. Tucumán era una explosión de arte a fines de los fines de los 80, así, de niña, escuché a Gentilini, los hermanos Núñez y al Cuchi Leguizamón”, cuenta Carla Campopiano (1973), nacida en Ledesma (Jujuy), formada musicalmente en Tucumán y radicada desde hace casi una década en los Estados Unidos.

- ¿Qué instrumentos te llamaban la atención? ¿Qué te atrajo de la flauta?

- Comencé mis estudios musicales a los 11 años en la Escuela de Música de la UNT. Recuerdo el día que toqué la flauta por primera vez, todo era natural y emotivo; el sonido aterciopelado e intenso. Todos los instrumentos me llamaban, pero esa flauta llevaba mi nombre.

- ¿Qué hecho determinó tu opción por la música hasta el punto de ir a estudiar en la EMPA? ¿Algún maestro te dejó una huella importante?

- En la Escuela de Música de la UNT conocí a una camada de jóvenes curiosos por la música popular, por quienes supe de la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA), primera institución latinoamericana dedicada a su estudio académico. Allí cursé estudios de jazz, folclore y me especialicé en tango. Esto me permitió acceder a maestros que fueron pilares de la música popular, como Mederos, Peralta, Cuacci, Kelo Palacios, Martino, entre otros. Héctor Toro Stafforini, musicólogo y exquisito charanguista, fue quien me interesó en la investigación de los elementos comunes en la música popular. Ejemplo claro de esto, es el ritmo de milonga o habanera que ingresó a Latinoamérica con la música hispánica y puede ser rastreado desde Medio Oriente, generando variantes como el samba brasileño, la milonga porteña y campera, el son cubano y muchos derivados de este pie rítmico que persisten como un latido.

- ¿Cómo se produce el salto a Estados Unidos? ¿El tango le gana la pulseada al folclore porque en ese país tenía mayores posibilidades?

- En 2010, una sucesión de eventos desafortunados me llevaron emigrar a la ciudad de Chicago, donde desarrollé una carrera como música y arregladora, participando en proyectos de música de Medio Oriente, folk americano, rock sinfónico, metal, folclore argentino y crear mi propio ensamble de tango. USA no es el país de las oportunidades. Muchos artistas vivimos una vida de autoexplotación, no solo de cultivar nuestro arte, sino también de venderlo en un ambiente altamente competitivo, obligados a decidir entre tocar música comercial o seguir con nuestros proyectos artísticos y venderlos en plataformas dedicadas al arte y apelando a subsidios en un cruento sistema de mecenazgo.

- ¿Cómo era la movida tanguera en Chicago y en EEUU? ¿Qué otras músicas del mundo te gustan? ¿Las fusionas con el tango?

- Viví ocho años en Chicago. El tango es un fenómeno social en USA, una pasión de almas solitarias, sin embargo, los DJs de tango monopolizan las milongas transformándolas en eventos de culto personal, donde reproducen antiguas grabaciones de la época de oro. Allí, creé y dirigí el conjunto de tango “Yuyo verde”, con repertorio tradicional para bailarines, que abrazaron rápidamente el proyecto, ya que lo inesperado de la música en vivo los desafiaba a crear nuevas coreografías. Esta ciudad multicultural me enseñó a entender la riqueza de la música del mundo, no solo desde la visión artística, sino también como un producto del entorno social, económico y político. Comprendí la inmigración y el desarraigo como un dolor ancestral y la necesidad de integración y fusionar como una pulsión por derribar los muros ficticios.

 - ¿De qué te habla la música de Piazzolla? ¿Interpretás los seis estudios originales para la flauta?

- En 2015, realicé el espectáculo llamado “Borges, Piazzolla y el tango”. Se trataba de poesía bilingüe musicalizada e inspirada en la obra del año 68 sobre los compadritos, despojadas milongas y arreglos monumentales, como “El tango”; me despertaron la fascinación que me condujo inevitablemente a la necesidad de componer mi propia música. Ya había tocado sus estudios para flauta y “La historia del tango”, pero no fue sino hasta entonces que comprendí la magnitud de su obra. Sus cautivantes melodías trascienden la estética del tango, y se acercan al lenguaje universal

- ¿Qué características tiene el trío? ¿Cuál es la estética?

- Creamos este proyecto en Chicago en 2017 junto al baterista Gustavo Cortiñas. Inspirado en la rica tradición de la música del tango y el jazz, este concepto ha evolucionado a lo largo de los años incorporando sonoridades de la música mundial y músicos de variados orígenes musicales, en una suerte de crisol de culturas en conciertos y grabaciones. Pertenecemos a una generación de músicos que conceptualizamos la música como la expresión de una sociedad en constante evolución y transformación.

- ¿Qué encontrás en la música del Cuchi Leguizamón?

- Este mes, lanzaremos un nuevo álbum: “Chicago Buenos Aires Connections VOL. 2”, con músicos invitados argentinos, estadounidenses y rumanos a los que se suma la inolvidable cantante y actriz argentina Alba Guerra, quien nos dejó el eco de su canto en entrañables versiones. El disco incluye dos zambas del Cuchi Leguizamón. No podríamos pensar nuestra música sin ese condimento esencial que fue su música y su ruptura con lo establecido su esencia persiste en nuestras vidas. Para esto fue muy valioso el material recopilado por Leo Deza.

- ¿Le tira Tucumán? ¿Plantaste bandera definitivamente en el país de Trump?

- A veces pienso en Tucumán y la emoción me devora. No sé cuándo volveré ni a dónde volveré, porque no tengo raíces que me atrapen. Hoy estoy aquí, en esta tierra extraña, confiando en que es una sola tierra. Aquí, en USA, hay muchos que no piensan así y eso duele, pero siempre pasa algo que nos reconcilia con la condición humana. También estamos organizando un nuevo espectáculo multimedia con una temática relacionada al humor, creo que la gente necesita reír. Otro proyecto es organizar un Festival de Música Latinoamericana en Nueva York, donde estoy viviendo desde hace dos años. Sin embargo, la nueva realidad de la pandemia representa un desafío por sobrevivir y adaptarnos a las herramientas de la tecnología.

- Quien elige la flauta como expresión de su ser suele tener pájaros en el alma…

- La flauta para mí es la extensión de mi voz, es parte de mi sistema. Tocar la flauta es reencontrarme con la vida. Su rol como instrumento de acompañamiento ha ampliado sus posibilidades expresivas en nuestros días incorporando técnicas extendidas y flexibilizando el concepto de su función en el ensamble; esto lo comprendí al tocar otros instrumentos, cambiar el punto de partida para comprender lo que buscamos.

- ¿Qué sueños están en carpeta?

- Sueño volver a enseñar música en comunidades desfavorecidas. La música es una herramienta poderosa para entender la vida.