BUENA

PELÍCULA / POR NETFLIX

Para ver “La extraña fuente de la fortuna” hace falta paciencia. El género quizás no está bien definido, la temática se basa en algo que sucedió en un país tan lejano como India, el ritmo es diferente al de las películas que estamos acostumbrados a consumir y quizás parezca algo lenta. Pero paciencia. ¿Por qué? Porque la historia está ahí. Y bien firme. La historia, la trama, su respectivo giro y las buenas actuaciones.

Podría decirse que la película dirigida por Anurag Kashyap es un drama, aunque por momentos se torna un policial y hasta en algunos pasajes se trata de una comedia. Diferentes matices que juegan a favor.

Los hechos reales: en 2018, el Gobierno indio inició la desmonetización. De un día para el otro eliminó todos los billetes de 500 y 1.000 rupias (los de mayor denominación), con la intención de terminar con el dinero negro y la corrupción.

A pocos días de ese anuncio, la vida de Sarita (interpretada por Saiyami Kher, joven estrella bollywoodense) sigue siendo como hace varios años: complicada. Su problema es económico. Es empleada bancaria y mantiene el hogar mientras su marido, Sushant (Roshan Mathew), está sin trabajo y acarrea deudas. En medio de todo esto, la “solución” para ella vendrá del desagüe en la cocina. Los líquidos y los desechos se transformarán literalmente en esa fuente de fortuna con la que todos soñamos alguna vez. El dinero que será prontamente eliminado -y que sospechosamente viaja por las cañerías- va a parar cada noche al lavabo de la cocina. La imagen de ella metiendo la mano en el resumidero para encontrarse con el efectivo es fuerte. La plata y los desechos juntos. Y una mano que los toca a ambos.

Es interesante ver cómo integrantes de una sociedad completamente distinta a la nuestra reaccionan ante un dilema. En medio del dinero y de la recesión aparece el canto. Sushant es músico (toca la guitarra) y participó de un reality show con Sarita como cantante. La voz de terciopelo que la caracteriza no puede salir durante la prueba por miedo escénico. Los flashbacks de ese momento se mezclan perfectamente con la historia.

Podrá parecer que el giro y la resolución tardan en llegar pero, a decir verdad, la mayoría de los elementos están bien incorporados. Incluso la crianza del hijo de la pareja, de siete años, que todavía duerme con ellos y escucha las conversaciones. También un pasaje que demuestra cómo una despedida de soltera es idéntica en Mumbai y en Tucumán.

Si llega a resultar pesado el comienzo, ahí es cuando es necesaria la paciencia. Los tiempos y las resoluciones de las escenas se ven diferentes a las de la producción “yanqui” de cada fin de semana. Ninguna culpa por verlas, pero paciencia con una película con otro registro. Incluso los subtítulos, por momentos, dan la sensación de que se quedan cortos con lo que se escucha en pantalla. Como lo que reclamaba Bill Murray a su “director” en “Perdidos en Tokio”.

Paciencia entonces. Paciencia que la actuación de Sarita y el final de la película valdrán la pena.