NOVELA
EL SECRETO PERFUME DEL MUNDO
BEATRIZ ISOLDI
(Paradiso – Buenos Aires)
Beatriz Isoldi es una escritora argentina, con una labor literaria variada. En esta novela, El secreto perfume del mundo, el diseño de tapa se compone por una fotografía repetida de una aparente historia de amor. Sin embargo, con la presencia de lo autobiográfico y del monólogo, corporizados a través un existencialismo – romántico, se construye un narrador indolente, impenetrable que se propone averiguar la razón del cierre de la florería del barrio, lo que en realidad es la ruta para desenmascarar una existencia en conflictos.
Un retrato que guarda un secreto provoca cierta rememoración en el protagonista. Él, un escritor renombrado, trabaja en una novela en la que pretende entender a las mujeres. El observador, paradójicamente, no sabe mirar en profundidad su objeto de estudio, ni observar lo propio; ¿una manera de escapar mediante un simulado “autismo”?; ¿un modo de no hacer frente a la complejidad de las cosas que se instalan en su entorno? Encerrado en sí mismo, como un “lobo estepario”, siente que la existencia le está dando un “tiempo suplementario”. Toma conciencia, inicia en los otros, la búsqueda de sí mismo; atravesado por la incertidumbre y el desconcierto, reacciona mientras las máscaras van cayendo.
En un ambiente patético, el recuerdo confuso del tiempo en el destiempo, se traduce en un laberinto indescifrable que se construye con el cruce de otros textos que dejan huellas válidas al lector, urgido por desenmarañar un secreto, enmarcado por la tragedia griega, en una puesta moderna de Electra, donde lo teatral dialoga con la novela, a la que suma el diario íntimo.
Un texto bien escrito, irónico, sin el perfume de las flores del mundo sino avasallado por la oscuridad de la condición humana, en la que el amor es una polifonía de situaciones, y el sujeto, una construcción disonante de debilidades, de actos monstruosos, de miedos y silencios. Todo el universo del hombre bajo la complejidad de la existencia y la arbitrariedad de los deseos.
© LA GACETA
Liliana Massara