“Entramos ahora en una nueva etapa, en la quinta fase. Esta es la fase de la preparación para el regreso a la presencialidad”, anunció en un mensaje público el Ministro de Educación, Juan Pablo Lichtmajer. El funcionario no mencionó aún cuándo se producirá el regreso a clases. En realidad, más que el cuándo, lo que ocupa en estos momentos a la comunidad educativa es el cómo, en la implementación de esta nueva normalidad que permita volver a las aulas pero que a la vez minimice los riesgos de contagio de coronavirus.
¿Se imaginan una clase con chicos silenciados por tapabocas, un recreo manteniendo las distancias, sin abrazos y sin choque de manos? Cursos desdoblados para reducir la cantidad de alumnos en el mismo espacio, actividades en grupos bien separados, nada de actos escolares, una nueva organización para las entradas y las salidas de los chicos y una modalidad mixta de clases presenciales y virtuales son algunas de las alternativas que ya se barajan para cuando el timbre vuelva a sonar. Pero todo está en estudio y en conversación.
Lo que sí se sabe, más allá de que la prioridad siga siendo la salud, es que crecen las ganas y la necesidad de retomar las clases presenciales. “Superada la instancia del aprendizaje de las nuevas herramientas para las clases virtuales, que trajo una inyección de entusiasmo a los docentes y a los chicos por la novedad y porque funciona, ahora se ve una ansiedad para volver a ese espacio seguro, conocido y tan importante que es la escuela”, explica Carolina Gutiérrez, pedagoga y directora de un colegio privado.
El contacto entre pares y con los docentes, en un espacio común y de cercanía, es fundamental en el proceso de aprendizaje, advierte la especialista en educación. Pero es eso justamente lo que deberá limitarse en el regreso a clases, lo cual presenta múltiples desafíos e interrogantes.
“Va a ser necesario reaprender una convivencia con menor contacto, que es justamente lo que están necesitando los chicos, pero por el momento las cosas son de otro modo. Vamos a tener que ser muy claros, explicarles los motivos del distanciamiento dentro de la escuela y, muy importante, hacerles comprender que esto no es para siempre, que no es algo permanente”, señaló.
El tapabocas es una barrera física, pero a la vez simbólica muy fuerte, analiza la profesional. “En un espacio donde comúnmente vamos a expresarnos, de repente tenemos que estar con algo que tapa la boca. Y además marca una distancia, es una nueva manera de relacionarse que todos tenemos que aprender”, remarcó.
¿Uniformar el barbijo? Además de esa frontera de los alumnos entre sí y con los docentes, el barbijo -se espera- será motivo de conflictos cotidianos tan corrientes como... perderlos. “Al ‘señorita perdí la bufanda, los guantes, el lápiz’, se le sumará seguramente ‘señorita perdí el barbijo’. Y para colmo no es algo que se pueda compartir”, advierte en tono de chiste Gutiérrez. “Hablando en serio, tendremos que poner pautas también para eso, que los barbijos tengan nombre y de ninguna manera uniformar los tapabocas, porque generaría el efecto contrario del que se busca”, analizó.
Aprendizaje
El ámbito escolar, la presencialidad, es clave en el aprendizaje, explica Gutiérrez. Lo es por tres motivos: porque marca en los estudiantes un ámbito de pertenencia fuera del núcleo familiar, porque desarrolla habilidades sociales en el grupo de pares y porque un docente valida su proceso. “Creo que en esta etapa nos tendremos que focalizar no tanto en los contenidos sino más en las habilidades que desarrollen los chicos, como lo hemos venido haciendo en la cuarentena. Y de esas habilidades, habrá que poner especial empeño en las habilidades sociales, que se han visto interrumpidas y que, cuando vuelvan, serán también con distancia”, destacó.
“Que vaya a afectar no significa que sea negativamente. Pero de impactar, claro que lo va a hacer. En las escuelas universitarias es todavía más complejo porque tenemos estudiantes desde jardín hasta el ciclo superior, y en cada ciclo la realidad es particular”, indicó Carolina Abdala, secretaria académica de la UNT.
“Nuestra mayor oferta es secundaria, y ahí los y las estudiantes deberán cambiar su forma de vincularse socialmente. Lo afectivo, la cercanía, los abrazos, el contacto, que son cosas tan importantes en la adolescencia, van a tener que modificarse, y eso claro que va a impactar en los procesos de aprendizaje”, detalló.
Abdala vaticina que estas nuevas pautas de convivencia serán más fáciles de adoptar en el nivel superior, donde los y las estudiantes son jóvenes o adultos, pero que en la secundaria será más complejo. “Además tenemos que ser cuidadosos en el tema de que el cuidado no sea leído como control o puro disciplinamiento de los cuerpos. Deberemos enseñar esas pautas como el distanciamiento, la higiene personal y de los espacios comunes; algunas actividades ya fueron suspendidas, como las semanas de los colegios, que es un espacio de reunión”, añadió.
Además de cambiar contenidos, focalizarse sólo en lo más importante de las materias y de trasladar parte del 2020 al año que viene, es posible que ciertas actividades se dividan en grupos, lo cual también interpone una distancia entre los y las estudiantes. “Pensamos también modalidades que combinen lo virtual y lo presencial, así como cambios en los métodos de evaluación”, indicó Abdala.
Desafíos: “hay que desdramatizar”
La gestualidad es parte indispensable de las estrategias didácticas durante los primeros años. Y la muralla que interpone el barbijo puede ser leída como una interrupción para el normal desarrollo de las clases. “Pero los docentes de ciclo inicial demostraron durante la cuarentena, en las clases por Zoom, que son capaces de apelar a muchas otras estrategias para captar la atención de los chicos. Si no pueden mostrar la boca, tienen los ojos, las manos y todo el cuerpo”, destacó Inés Figueroa, psicóloga, docente universitaria y directora del curso de posgrado de Especialización en Evaluación y Diagnóstico Psicológico. “Creo es es importante desdramatizar la situación y apelar a todas las estrategias que tengamos, como lo venimos haciendo hasta ahora. Pero no debemos plantearlo como algo traumático -advirtió-. Por supuesto que habrá que atender a casos puntuales, pero en general es algo que no habría que dramatizar”.