Volver a sentir el viento en la cara, el olor de la vegetación, la tierra en las zapatillas. Ver al que está cerca a los ojos y saber que está disfrutando de lo mismo: la libertad. La felicidad invadió a los aficionados del deporte durante esta semana cuando pudieron volver a salir de su casa para hacer actividad física.
La abstinencia acumulada durante más de 70 días de encierro hizo que el disfrute sea mayor y a muchos les costó encontrar las palabras para describir la sensación de la vuelta. Sólo la alegría tuvo lugar en la experiencia.
Deportistas de alto rendimiento y aficionados disfrutaron de volver a sentir el viento en la cara y retomaron sus hobbies desde el minuto uno de habilitación. Los parques, las plazas, la avenida Perón y otros lugares de concentración de deportistas se volvieron a llenar de gente que, siguiendo el protocolo recomendado, se subió a la “bici”, se calzó los patines o desempolvó las zapatillas.
Y pensar que antes del aislamiento, caminar o salir a correr era algo normal. Las prohibiciones implementadas para contener la pandemia despertaron la necesidad individual de disfrutar las pequeñas cosas, de valorar las situaciones que antes eran cotidianas y que perdimos de un momento a otro.
La explicación de que “por algo ocurren las cosas” es corriente cuando buscamos un por qué, pero en esta ocasión esa respuesta cobra una magnitud mundial. ¿Será el golpe que necesitábamos para mejorar como personas, para valorar la vida y el sólo hecho de despertarnos todos los días? Porque a medida que nos permiten volver a vivir con cierta “normalidad” lo aprovechamos como si no hubiera mañana.