Tucumán es el destino elegido por miles de estudiantes de la región para cursar carreras terciarias y universitarias que no son dictadas en sus provincias natales. Al emprender la mudanza, gran parte de ellos opta por alquilar departamentos en distintos punto de la ciudad. Así, en soledad o en compañía, residen por varios años mientras cumplen los proyectos que esta tierra les hizo factible. La pandemia y la cuarentena trastocaron todos los planes: las clases presenciales fueron suspendidas hasta nuevo aviso y muchos estudiantes se encontraron frente al dilema de quedarse o volver a sus ciudades y pueblos de origen.

LA GACETA entrevistó a siete jóvenes de Catamarca, Santiago del Estero, Salta y Jujuy que hicieron de la capital tucumana su nuevo hogar -al menos de forma transitoria- para cumplir las metas universitarias que se propusieron. El grupo se divide entre quienes decidieron quedarse y quienes retornaron a sus provincias antes de que se decretara el aislamiento social, preventivo y obligatorio. El anhelo común es que pronto sea posible el regreso a las aulas.

Las que se quedaron

* Florencia Villa tiene 25 años y hace cuatro se mudó de la ciudad de Salta para estudiar Diseño de Interiores y Equipamiento en la Facultad de Artes de la UNT. Ella alquila un departamento en Barrio Sur junto con su hermano, pero ahora debe mantenerse sola. “Pienso quedarme y esperar porque me conviene. Aquí consigo con facilidad materiales para hacer las maquetas que nos piden, mientras que en el barrio en donde vivo en Salta no podría”, explica la joven. A pesar de que su familia le insistió volver, ella mantiene firme su postura. “No quiero volver y quedar a la deriva. Veo que Tucumán es más organizado con la cuarentena; allá hay mucha incertidumbre y estarían en mi casa sin saber cuándo podría volver”, coteja Villa.

FLORENCIA VILLA. Es de Salta y estudia Diseño de Interiores (UNT).

La estudiante cuenta que experimentó dificultades para pagar en tiempo y forma su alquiler. “Por suerte la dueña es comprensiva. Pasa que mis papás no están trabajando por esta situación”, expone. Así, para solventar sus gastos, comenzó un micoemprendimiento que vende indumentaria femenina. “Aunque la cuarentena se extienda hasta diciembre, me quedaré”, promete entre risas.

ANTONELLA LAFFARGUE. Tiene 27 años, es de Santiago y va a la UNT.

* Antonella Laffargue también es estudiante de Diseño de Interiores, pero es oriunda de La Banda, Santiago del Estero. Vino a vivir a Tucumán hace nueve años y trabaja como niñera por las mañanas. “No me fui porque preferí cuidar mi empleo. Espero que esto termine pronto para ver a mi familia de nuevo”, anhela. La principal queja de la joven de 27 años es el aumento de las cuotas que debe abonar para costear el alquiler de su departamento en Barrio Sur.

Las que se fueron

* Malena Belmonte se mudó a San Miguel de Tucumán en 2016 para estudiar Ciencias Políticas en la Unsta. Unos años después, sus hermanas también lo hicieron con el objetivo de cursar Veterinaria y Bioquímica en la UNT. Todas ellas regresaron a su casa en Santiago del Estero apenas cuatro días de que se decretara la cuarentena nacional. “Mi mamá tenía miedo de que quedemos varadas. Nos fuimos con la idea de volver a las tres semanas; sólo llegamos a vaciar la heladera”, relata la joven de 22 años. Así, sus abrigos y libros de la facultad quedaron en esta ciudad. “Después de todo, allá está nuestra vida y no acá. Ahora se nos complicó un montón”, reflexiona.

La estudiante indica que no tuvieron otra opción más que seguir pagando el alquiler del departamento en Barrio Norte. “Hay cosas de las que nos debemos quejar, como la cuenta del gas que llegó a pesar de que no lo usamos hace meses”, ejemplifica.

FLOR BERTINI. Es de Catamarca y estudia Odontología en la UNT.

* Oriunda de Catamarca, Florencia Bertini se instaló en esta provincia hace tres años para estudiar Odontología en la UNT. Al igual que las hermanas Belmonte, ella regresó a su ciudad unos días antes del inicio del aislamiento obligatorio. “Dejé todo ahí, traje muy poca ropa y algunos apuntes de la facultad”, dice con preocupación. También expuso que su contrato de alquiler venció a fines de marzo, por lo que se encontraba buscando el modo de solucionar el percance con la inmobiliaria.

CELESTE RIVERO. Cursa Derecho en la UNT y es de Salta capital.

* Celeste Rivero tiene 23 años y dejó su Salta natal en 2016 para estudiar Derecho en la UNT. Ella se quedó “varada” en esa ciudad: había viajado unas semanas, la cuarentena la tomó por sorpresa y no pudo volver a Tucumán. “Todas mis cosas se quedaron allá. Rescindí el contrato de alquiler ya que no creo que la situación se normalice pronto”, sostiene. Según asevera, la inmobiliaria aún no le ofreció soluciones para recuperar sus pertenencias.

SOFÍA BALDIVIEZO. Es de Jujuy y estudia Nutrición en la Unsta.

* Sofía Balvidiezo es de Jujuy y se mudó en 2015 para estudiar Nutrición en la Unsta. “Quedaron todas mis cosas allá. No di de baja el contrato del alquiler de mi departamente en el centro ni pienso hacerlo porque yo ya estoy instalada allá”, señala segura la joven de 25 años. Y agrega: “la mayoría de mis amigos están igual”.

CARLA VELLA. Se había mudado de Frías para estudiar en Tucumán.

* El caso de Carla Vella es particular. Ella es de Frías, Santiago del Estero, y se instaló en Tucumán en 2012 para cursar Psicología. Al tiempo se cambió de carrera y comenzó Diseño de Interiores, estudios que continúa en la actualidad. Vella regresó a su casa porque es una persona de riesgo: padece una enfermedad autoinmune y ya tuvo dengue una vez. “En Tucumán hay miles de casos; no podía arriesgarme a tenerlo otra vez”, manifiesta. Sus hermanas se quedaron en esta ciudad, por lo que hacen uso del departamento que alquilan. “El tema es que mis apuntes y mi equipo de trabajo están allá”, se lamenta.


Qué dicen las inmobiliarias

“La situación es una verdadera encrucijada”

Fernando Guzmán, presidente del Colegio de Corredores Inmobiliarios de Tucumán, reconoce que el escenario para los estudiantes de otras provincias que se fueron y no pudieron volver “es una verdadera encrucijada”. Consultado por esta cuestión, el empresario aclaró: “en caso de no haberse efectuado la entrega de una unidad, el contrato continúa y las partes deberán acordar los pagos al momento de reencontrarse”. Según indicó, en mayo la morosidad de los locatarios en general fue del 13%, un número mayor al habitual 5% mensual.