NOVELA
EL HOMBRE DE CRISTAL
Carlos Bernatek
(Adriana Hidalgo - Buenos Aires)
Carlos Bernatek centra su novela en “su” ciudad, Santa Fe, en la que vivió veinte años, aunque nació en Avellaneda, Buenos Aires (1955). Tanto debe haberlo marcado esa vivencia en la ciudad del túnel subfluvial bajo el Paraná que Bernatek emprendió una saga literaria que la convierte en eje: Trilogía de Santa Fe: La noche litoral (2015) que incluye, además los títulos que se fueron publicando, Jardín primitivo (2017) y El hombre de cristal (2019).
A fuerza de que estas líneas se interpreten como una crítica literaria, es necesario decir que esta vez suscribo solo la impresión de un lector no acostumbrado a leer novelas. El autor centra su relato pormenorizado en datos de la ciudad de Santa Fe que es un protagonista más. En cada ocasión en que debe poner en escena a sus personajes, destaca en su descripción del entorno el calor sofocante en la ciudad. Pareciera ser evidencia de la única estación del año: el verano. Lo reitera en variadas ocasiones.
En ese clima pegajoso del verano santafecino un personaje, Jota (apócope particular de Jordán), encara la frustración. La que se acepta al dejar en los pesarosos recuerdos sus vocaciones literarias, asumiendo su puesto de empleado burocrático. Registra, ese es su trabajo, en libros de informes todas las cuestiones ligadas a la labor de la morgue judicial. Fracasos sentimentales y sometimiento a una cirugía y a un deambular que lo enfrenta a una situación singular: relación con otros personajes que lo lleva a situaciones impensadas. Aunque notándose diferencias de conducta con ellos los incorpora naturalmente a su vida. A veces cómplice de acciones lindantes con lo delictuoso aunque “sin dañar a nadie”; otras encarando un itinerario trabajado como filigrana en el terreno de un nuevo amor que idealizará. El lenguaje de Bernatek no bordea lo que describe. Lo dice con todas las letras, sea cuando se refiere a la violencia, al desasosiego de los fracasados o las cuestiones del exacerbado machismo en las referencias al sexo. Personajes que mutan desde la provocación a la sumisión, sin casco. El título de la novela sostiene una definición: el hombre de cristal es vulnerable, a casi todo, por esa estructura de fragilidad. Recomiendo su lectura.
© LA GACETA
Carlos Duguech