Se ha demostrado que la pandemia no debe distraernos de las enfermedades crónicas. Por eso, la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), liderada por Silvia Fernández Barrio, que históricamente acompaña a pacientes con psoriasis, busca apoyar ahora a adultos con dermatitis atópica (DA) mediante la plataforma on line www.aepso.org/da.

Allí, quienes sospechen que pueden padecerla hallarán un cuestionario para chequear signos y síntomas que permitan un prediagnóstico, y un mapa con geolocalización de dermatólogos, alergistas e inmunólogos que pueden tratarla adecuadamente. Se propone contener a pacientes y a su entorno, orientarlos hacia un profesional, y empoderarlos con información y educación continua.

Es una enfermedad inflamatoria diferente de la psoriasis, pero con la que comparte muchas problemáticas, empezando por la demora en el diagnóstico. “La piel se ve seca y pierde su capacidad de ser barrera cutánea”, explica Beatriz Gómez, coordinadora de la Unidad de Psoriasis del hospital Avellaneda, y profesora de Dermatología en la UNT y en la San Pablo-T, y agrega que se forman placas, muchas veces exudativas, con grietas y costras.

“Es una enfermedad sistémica, inflamatoria, y suele haber antecedentes familiares. Produce en su estadio agudo, ampollitas que exudan y que con el rascado pueden contaminarse. Suelen formarse en zonas de pliegue: detrás de rodillas, el interior de codos, detrás de las orejas...”, apunta Gómez.

Otros daños

“Afecta mucho la calidad de vida; las lesiones llevan a evitar las miradas incluso de los más allegados y generan un gran efecto psicológico” señaló Pablo Moreno, presidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica. El tratamiento de base es cuidar la piel, con higiene y con cremas, pero en un brote pueden ser necesarios corticoides y, si las lesiones son severas, inmunosupresores.