“Llevamos dos meses de aislamiento social, preventivo y obligatorio. Todo lo común y cotidiano cambió de un día para el otro y no sabemos cuánto va a durar. Lo simple ahora es complicado, a veces prohibido, y no sabemos hasta cuándo va a durar”, le dice a Télam el psicólogo Sebastián Urquijo.
Agrega que uno de los grupos más vulnerables es el de niñas, niños y adolescentes, porque ellos sienten más miedo, enojo e incertidumbre. Además, sienten en la casa un alto nivel de estrés que se suma al que transmiten las noticias.
El especialista advierte a los padres: “queremos saber lo que sienten, pero no les damos el ejemplo, no compartimos sentimientos o mentimos, tratando de mostrar una falsa seguridad que no se refleja en cómo estamos. Usamos lenguaje técnico para minimizar la angustia y la ausencia de emociones en las conversaciones, aumenta los niveles de ansiedad”.
Destacó, asimismo, que un reciente trabajo de investigadores italianos y españoles informa que el 85% de madres y padres notaron cambios en el estado emocional y el comportamiento de sus hijos y que el síntoma más frecuente fue la dificultad para concentrarse, seguido de aburrimiento, irritabilidad, inquietud, nerviosismo, sentimientos de soledad y preocupación. Todos pasaron mucho tiempo frente a pantallas, hicieron menos actividad física y durmieron más horas durante la cuarentena.
Urquijo recomienda ser auténticos y honestos sobre la incertidumbre y los desafíos de la pandemia. “Es muy importante pasar un rato al aire libre o hacer ejercicio. Si no se puede salir, ayuda mirar por la ventana”, sugiere.