De unos ojos sin luz, brota la claridad. De los rulos canosos penden los trinos de una armónica que despabila la media mañana. En la 24 de Septiembre al 600, casi Maipú, la cuarentena se levanta el barbijo. Sentado en un banquito, acompañado de un pequeño amplificador que esconde pistas grabadas, Richard ejerce su oficio de músico ambulante y arrulla con sus melodías el otoño provinciano, mientras la gente hace fila para entrar a una farmacia o a un supermercado. “Hace más de un mes estoy varado en Tucumán. Soy de todas partes, soy importado… soy de Chile, pero vivo acá hace rato… No me gusta alimentar la rutina y que tampoco se aburran de mí”, explica Richard.
- ¿Quién te enseñó a tocar la armónica?
- Aprendí a tocarla solo, siempre me gustó la música lo que pasa es que no creí que el destino me iba a llegar a sobrevivir de la música.
- ¿Vivís de la música?
- Sobrevivo. Estoy anclado acá, un amigo me acogió porque no puedo arrancar para ningún lado. He tenido otras actividades, el destino quiso que me abocara a esto. Nací en Santiago de Chile; tengo 61 años. Hace más de 30 años ando por todo el país. Cuando está lindo el clima vengo Tucumán, el calor no me gusta. Yo estoy solo, tengo toda la familia en Chile, de vez en cuando estoy en contacto.
- ¿Ciego de nacimiento?
- Yo venía mal de fábrica ya, pero después por diferentes motivos fui perdiendo la vista.
- ¿Cómo hacés para viajar? ¿Te acompaña alguien?
- Tengo que andar con un pase, acá tengo un amigo que ha tenido la gentileza de alojarme en su casa, pero soy un tipo independiente en el sentido de que no me gusta sacar más provecho del que me dan. Estoy un tiempo en una parte, después me voy a otra, no me gusta la monotonía, la rutina, ni yo aburrir a la gente ni aburrirme yo.
- ¿En qué lugares te has sentido más a gusto?
- Hace un montón de años que vengo a Tucumán… el invierno es el que me da más vida a mí; ahora ya no creo que venga hasta un buen tiempo por acá, hace más de un mes que estoy y no sé cuándo voy a salir. La gente de acá me trata bien, encima estoy adoptado documentalmente por ustedes ahora, porque antes tenía el documento de Buenos Aires y ahora el de acá. O sea que soy tucumano.
- ¿Qué te atrae de trabajar en la calle?
- Me gusta estar en contacto con la gente… tiene sus bemoles también, hay gente que te basurea mucho, le molesta lo tuyo, es una mínima cantidad pero de que la hay la hay, y que te duele un poco por no decir bastante… pero a la mayoría le gusta y eso me hace bien porque mi propósito es darle alegría a la gente, que aunque sea en un par de minutos de olvide de todo lo cotidiano, de lo problemático.
- ¿Qué te gusta tocar? ¿Jazz, folclore?
- El folclore me gusta, toco cuando hay alguna reunión, pero no soy muy amante del folclore ni de aquí ni de ninguna parte, a lo mejor yo estoy equivocado, pero es mi manera de pensar, sí lo respeto y si hay que tocar algo, lo hago, pero el fuerte mío es lo rockero. La escuela mía son Los Beatles, Stevie Wonder, Sting… el jazz me gusta pero más el blues.
- ¿Es una buena compañera la armónica? ¿Qué es la música?
- La armónica es muy linda, un instrumento muy melodioso, me produce un relajamiento muy grande, me hace bien tocar la armónica, ojo que yo soy un músico artesanal, no soy egresado de ninguna parte, pero trato de hacerlo con el mayor de los respetos. Y la música para mí es lo más grande que hay, es el reconfortante diario que uno puede tener, al que no le gusta la música es porque es un amargo.