En 1517, el rey Carlos I de España autoriza el transporte de los primeros esclavos africanos al Virreinato de Nueva España: es lo que hoy se llama México. En 1521 eran una docena, pero para 1570 había cerca de 20.000. Sólo en México. Así fue como se integró (a la fuerza y dramáticamente) esta rama del patrimonio genético y cultural de las Américas a la de los pueblos originarios y los europeos. Pero a diferencia de los que sucede con estos dos grupos, los orígenes y las experiencias de los africanos esclavizados eran -hasta ahora- en gran medida desconocidos.
La hepatitis B parece haber llegado a América desde ÁfricaA fines de la década de 1980 -según una nota de la sección Noticias de la revista “Science”, mientas se construía una nueva línea de subte en Ciudad de México apareció un cementerio; había funcionado junto a un hospital construido entre 1529 y 1531, sólo 10 años después de la conquista de México. De los esqueletos hallados, tres llamaron la atención de los arqueólogos: tenían modificaciones en los dientes frontales superiores, consistentes con prácticas halladas también en africanos esclavizados por Portugal y aún presentes en grupos de África occidental.
Unos 20 años después, adelantos en biología molecular y herramientas bioinformáticas, aunados a evidencias históricas, antropológicas y arqueológicas permitieron a Rodrigo Barquera, un mexicano graduado en arqueogenética en el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, y a su director, Johannes Krause, abrir una ventana a vidas que quedaron fuera de los registros históricos. El ADN mostró que comparten un linaje del cromosoma “Y” muy presente en África subsahariana, y hoy el linaje más común entre los afroamericanos. Además, químicos hallados en los dientes, que conservan “la firma” de los alimentos y el agua que consumieron cuando niños, son consistentes con los ecosistemas de África Occidental, por lo que seguramente no nacieron en México, agrega la nota.
Los datos también muestran desnutrición y años de abuso físico antes de la muerte prematura, lo que permite suponer que pueden ser de los primeros africanos secuestrados en el África subsahariana como esclavos.
“Las técnicas modernas permiten recopilar cantidades increíbles de datos de muy poco material biológico”, señaló Barquera. Por ejemplo, pudo reconstruir dos genomas de patógenos, lo que permitió descubrir que hubo enfermedades que recibimos de África.