Alejandro Gómez Tolosa es reconocido por su arte y su versatilidad: sus primeros trabajos fueron grabados, dibujos, pinturas, y también aprendió técnicas específicas cuando estudió en Bélgica. El mundo de la tecnología le otorgó una maestría en España, y a partir de ese momento el arte digital se incorporó a su obra. La fotografía y la postfotografía se unieron rápido en su quehacer: logró que edificios cotidianos en el paisaje citadino, como el Mercado del Norte u otros, se volvieran extraños a nuestra mirada.

Lo que no alcanzó, curiosamente, es que su obra sea reconocida por las instituciones o por algún espacio en Buenos Aires, aunque sí por los artistas en general. “No creo que la situación actual me haya influido creativamente, ya que el aspecto de la creatividad está presente siempre, y no necesito ni de pandemias ni ningún cataclismo para desarrollarla. Simplemente un estado de ánimo, una letra de un poema, una canción, una situación mínima, en fin; los detonantes de la creatividad pueden ser tan variados como profundos en mi caso”, le responde a LA GACETA durante la entrevista, cuando se le pregunta sobre el coronavirus.

El artista, que expone desde poco más de 30 años, enseña dibujo en la Facultad de Artes de la UNT. En su privacidad, transforma modelos en objetos y objetos en modelos. Hace algunas semanas ha creado personajes increíbles en la serie de “Los primeros combatientes del fin de los tiempos”, con mundos distópicos que viene anticipando desde hace alrededor de una década.

Gómez Tolosa se siente cómodo con sus dos grandes referentes: Joel Peter Witkin y Joan Fontcuberta. Éste último afirma con total seguridad que la fotografía siempre miente: “es una ficción que se presenta como verdadera”. Y el tucumano aclara: “Vivimos el tiempo de la postfotografía”.

Por otro lado, el artista local ha regresado al mundo de la música desde hace un par de años: recuperó su bajo y toca en una banda, con la cual ya hizo algunas presentaciones

-¿Qué recomendarías a tus colegas que deben escuchar o ver, antes de desaparecer?

- Antes que nada, y aunque peque de usar lugares comunes, que se conecten consigo mismo y con sus afectos más cercanos. Todo es peor cuando la distancia es la emocional. E irse en esas condiciones debe ser terriblemente doloroso. Por lo demás nunca viene mal releer lecturas que nos han conmovido (en mi caso “El Eternauta”, de Héctor Oesterheld y Solano López), música que nos ha emocionado, películas que nos han señalado el camino. Ver “Everythig is iluminated”, de Liev Schreiber, o cualquiera de Peter Greenaway para entender este mundo. Y antes de expirar, poner a todo volumen cualquier obra de Wojciech Kilar y la banda sonora de “The Draughtsman’s Contract” de Michael Nyman.

- Si mañana no estás, pensaste que dirías ¿me olvidé de hacer esto o aquello?

- En realidad, no es que me haya olvidado, lo que no me alcanzó es el tiempo. Hay algunas cosas que me hubiera gustado hacer, como estudiar luthería y construir instrumentos especialmente diseñados, al estilo de los que se hacían en los tiempos medievales, que eran auténticas piezas artísticas… o profundizar en la edición y producción musical y visual en general. Por lo demás, creo que llegué a hacer lo que me propuse, poco más o menos…

- ¿Cambiaste tu estilo o reflexionaste sobre si tu camino podía haber sido otro?

- No, no siento que mi estilo haya cambiado, quizá se haya profundizado en ciertos aspectos. Sobre todo pienso en el pesimismo que arrastra mi trabajo artístico en general; hoy encuentra un motivo más que ideal para desarrollarse. Me doy cuenta que el camino que elegí es el correcto y hasta donde sé, el mejor que pude de todos los que realicé. No solo en el campo de las artes visuales, sino también en lo que se refiere al arte digital y a la fotografía digital. Es este un momento de introspección donde veo que el acceso a las redes me permite (mientras dure dicho acceso, por supuesto) llegar al público y puedo decir lo que tengo todavía que decir, sin más herramientas que mi cámara y una computador. Y hay respuestas en las redes sociales, se mira, se ve.

- Grandes fenómenos por así decirlo, hunden profundamente en nuestras vidas. ¿Cómo lo hizo con la tuya?

- Si te referís a los nuevos paradigmas que se van a establecer a partir de esta pandemia, creo que como siempre, deberé adaptarme para sobrevivir. Y, de hecho, lo estoy haciendo, pero tratando de no perder mi exrutina de vida. El contacto físico quizá se acabe y ese creo que es el detalle más importante. La necesidad humana del otro se va a ver transformada. Si bien ya de por sí soy un solitario y me gusta el trabajo íntimo y personal, creo que el aspecto relacional se me va a dificultar un poco, puntualmente la relación con el sexo opuesto, que lo considero como un motor creativo, bastante importante para mí.