Médicos

La pandemia vino a mostrar de manera amplificada la situación que padecen los médicos en la Argentina; para trabajar necesitan hacer una carrera que dura ¡doce años!: CBC, siete básicos con el rotativo, más cuatro de residencia, o concurrencia gratis, con un horario extenso y guardias; acceder a estas dos últimas no es fácil, y el que no entra queda en la banquina. Después de toda esa intensiva preparación, con el flamante título y certificados bajo el brazo… está en la calle. Con suerte podrá trabajar para alguna empresa que le pagará muy poquito y no en relación de dependencia, o conseguirá alguna cosa menos peor. Ejercer de manera independiente, de todo punto imposible, tendrá, todos tendrán, que vérselas con una competencia que no tienen las demás profesiones u oficios: obras sociales, prepagas y muchos hospitales, que atienden sin cobrar; quizá consigan un puesto en alguno de estos últimos, ahí seguirán aprendiendo, ganarán poco; en unos, sobre todo en la provincia, el problema no será que no les paguen, sino que no les peguen; con la peste se de varios  a quienes quieren echar de sus departamentos. Ahora, a la noche, a los médicos los aplauden, sí… como a los gladiadores.

Alejandro Sicardi

sicardi@sicardialejandro.com

Neoliberalismo y mayores

Es llamativa la cantidad de muertos en los países del primer mundo, gobernados por líderes del neoliberalismo, que, por priorizar la economía en sus países, provocaron un genocidio social que conmueve y entristece a la comunidad global. Tantas muertes, sufrimiento y desolación por el solo hecho de mantener activa a su economía. El precio que están pagando es muy alto. Tengo frescas en mi memoria las palabras de la ex presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Cristine Lagarde, al ex presidente Macri, sobre las personas que viven demasiado. “Hay que hacer algo”, se refería a los mayores de edad (jubilados) que le generaban enormes pérdidas al sistema previsional del mundo. Saquen ustedes sus propias conclusiones, teniendo en cuenta a quiénes les afecta más el virus. A los mayores de 70 años directamente los mata. Es triste pero es así; fíjense en las estadísticas del mundo, en quiénes son las personas más castigadas por el virus. Los lugares donde más letal es su presencia son los geriátricos. Otro ejemplo de lo que no debería hacerse con el pretexto de reactivar la economía: en Las Vegas, la alcaldesa, Carolyn Goodman, propone abrir los casinos, hoteles, restaurantes y centros de convenciones y a la vez desafía al mundo cuando arriesga su ciudad para que funcione como un laboratorio experimental para que los científicos evalúen si es cierto que morirán más personas cuando no haya distanciamiento social ni cuarentena.Hoy se visualiza a los responsables directos en esta pandemia: 1) Donald Trump, presidente de los EE.UU. 2) Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. 3) Lenin Moreno, presidente de Ecuador. 4) Sebastián Piñera, presidente de Chile. 5) Jeanine Áñez, presidenta provisional de Bolivia. 6) Sergio Mattarella, presidente de Italia. 7) Emmanuel Macron, presidente de Francia. 8) Angela Merkel, primera ministra de Alemania. 9) Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido. También hay responsables, como el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, presidente de la Fundación Internacional para la Libertad, y el ex presidente argentino Mauricio Macri y tantos otros que no cabrían en esta carta. Los casi 200.000 muertos hasta ahora no tendrán paz hasta que los irresponsables del mundo sean sancionados por sus conductas. Después de la pandemia se viene algo distinto. Ante otra falla masiva y colosal de la versión neoliberal del capitalismo, afirma el filósofo Noam Chomsky que estos sistemas capitalistas están siendo el problema y no la solución. El diseño neoliberal en el mundo sólo ha enriquecido a los más ricos y ha llevado a una forma muy frágil de economía basada en el negocio de la eficiencia, haciendo las cosas al menor costo posible. El capitalismo neoliberal está colapsado porque no puede lidiar con algo que viene y ha salido mal, concluyó Chomsky. Este sistema está herido de muerte; hay un mundo expectante con líderes jóvenes y una humanidad sedienta de cambios, que construirá un mundo más igualitario y más justo, donde el centro de todo sea el ser humano.

Luis Marcaida

Raúl Colombres 102

San Miguel de Tucumán    

Economía y cambio climático

Del 26 al 28 de marzo debió hacerse en Asís, Italia, un evento llamado “La economía de Francisco”. Iba a reunir a más de 2.000 jóvenes economistas y empresarios de todo el mundo menores de 35 años. El evento convocado por el Papa tenía como objetivo pensar y diseñar una economía diferente, inspirados por la figura de San Francisco de Asís. “Una economía que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda. En la ciudad de Asís, San Francisco se despojó de toda mundanidad. De su elección de pobreza brotó también una visión de la economía. Es necesario corregir los modelos de crecimiento que son incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente, el cuidado de la familia, la equidad social, la dignidad de los trabajadores; animémonos a poner en marcha un nuevo modelo económico, basado en la fraternidad y la equidad”. Hace unos meses, la combinación de sequía y los valores de temperatura más altos de los que se tengan registro habían convertido a parte de Australia en un páramo. Un funcionario municipal advirtió que el microcentro de San Miguel de Tucumán se estaba despoblando de árboles, antes que empiece la cuarentena; después de esta, quizás ayude a dar una respuesta urgente, poniendo los árboles que hacen falta para mitigar el cambio climático en la ciudad.

René Carlos Roncedo

reneroncedo@gmail.com

Distanciamientos

Cuando un artista llega a estas intancias te das cuenta de que tus proyectos quedaron en agonía, porque ese material que te llevó tiempo crear queda en estado vegetativo y los aplausos de los que fueron a verte son una anécdota a la distancia, pero que no es casual; siempre el público está distante para apreciar tu trabajo, pero hoy es una manera de protegernos que es como si fuera un campo de concentración voluntaria, libertad coartada. La peste obliga y el contacto entre seres humanos quedó en el olvido; nos fuimos aislando, preservando la integridad, ¿y en esta instancia para qué sirve el artista? Los medios de comunicación nos dieron espacios, pero los canales reconocidos o universitarios siguieron con sus programaciones. Cuando regresemos a la normalidad ruego que nos encontremos con nuevas propuestas desde lo cultural. Los cambios serán de gran impacto; aprenderemos que todos tienen necesidades y es bueno saber que vendrá el mañana.

Carlos Rubén Avila

rubenavila20@gmail.com

“Cómo se ve la pandemia en EEUU”

En respuesta a la lectora Rosa Amalia Barrionuevo (carta “Cómo se ve la pandemia en EEUU”, 24/04), que dice “llamativas y harto recurrentes las exacerbadas críticas del lector y analista Carlos Duguech a los EEUU” (no ahorró calificativos) la invito a leer  en “Pareceres II”, la columna del mismo día de su carta, del Dr. César Chelala, tucumano como, yo que vive en Nueva York desde hace 50 años. Además la invito a que entre por internet en LA GACETA y lea los títulos de mis columnas y/cartas y encontrará material suficiente como para que esa apreciación sobre los “demonios del mundo” que hace en su carta se desmorone, sin más. Debo aclarar, una vez más, que el analista y novelista Andrés Hernández Alende, cubano de nacimiento, es ciudadano estadounidense desde hace 30 años. Y si quisiera podría presentarse a candidatrura de senador de los EEUU. Un ciudadano estadounidense con los mismos derechos que Clinton, Obama, Trump y cualquier otro de a pie. Su crítica me pareció oportuna y con su autorización la incluí en mi carta que la lectora cuestiona. Bien señala lo de “amante de la paz” en su caracterización. Tuve que suspender mi pasaje a NY para el 4 de mayo. Iba a participar de la “Conferencia de revisión del tratado de no proliferación nuclear (TNP) con una propuesta sobre desarme y, obviamente, cancelé el pasaje. Hubiera sido mi tercer viaje a EEUU. Espero que cuando sea posible se reanude el ciclo de Radio Universidad “Paz en el mundo” que fue distinguido por sus 30 años continuados desde que se fundó la emisora de la UNT. La invito a escucharla, entonces.

Carlos Duguech

c.duguech@gmail.com

Todos somos sospechosos

“Desconfiale... desconfiale a todo el mundo/ y no casés con nadie/ que en la duda está el saber...” La letra de este  viejo tango resonaba en mis oídos mientras, parado en la vereda del banco, todavía distante, esperaba mi  turno para entrar. Ya van… ¿A ver?... 60 minutos. Y falta mucho todavía. Debo cuidar que el encorvado viejito de atrás y la  gordita con calzas naranjas de adelante se  mantengan  a distancia. No debo hablar con nadie que no porte barbijo y, aun así, evitar toda conversación. Veo que todos han recibido la misma orden: desconfiar y sospechar. Sí. sospechar. Cualquiera puede ser  portador o transmisor del  virus y no saberlo. Así lo dicen los científicos. No arrimarse a nadie es lo único que nos puede proteger. Tomar la desconfianza como norma, aunque cueste. ¿Y si encuentro un amigo? “A mí me gusta dar la mano”… “Estás loco”. “¿Y cómo debo despedirme?”… “Un simple chau”... Eso es aburrido. Pero mostrarle el codo es horrible. “¿Y si nos despedimos con una inclinación del cuerpo y la cabeza? “Parecerás ridículo”. Con estas cavilaciones, llegué por fin hasta la puerta de entrada del banco. Su vidriada puerta me dejó ver una media docena de posibles  portadores recibiendo billetes (¿sucios?) de cajeros de cara tapada y manos enguantadas. Silencio absoluto. Susurros de atemperadas voces, cual confesionario parroquial. La necesidad -dicen- tiene cara de hereje. Puedo  atestiguarlo. Porque entré y cobré. No sé qué cara habré puesto, porque el cajero me miraba raro. Y yo a él… Salí a los grandes trancos, me zambullí en un taxi  y sin mirar la cara del nuevo “sospechoso”, con ojos desorbitados: le imploré: “lléveme rápido, por favor”.

Darío Albornoz

lisdaralbornoz1@gmail.com