El retiro es el momento más duro para un deportista. Saber que su ciclo está agotado puede golpear fuerte desde lo anímico. Hay que empezar de cero y buscar proyectos alternativos. Los miedos aparecen en el horizonte. Las dudas se multiplican. Los interrogantes aumentan y las respuestas no aparecen. Hasta que se pueda dar el primer paso y descubrir que el final de una carrera no es tan malo como parece. Hay otras alternativas y para seguir ligados a la pelota aparecen los torneos de veteranos. En Tucumán hay varias competencias para los mayores de 40 años, pero una se destaca por el nombre de sus protagonistas: la Liga Master Senior.

Muchos futbolistas que brillaron en las canchas tucumanas y del país un par de décadas atrás protagonizan una competencia que por su nivel invita a los amantes del buen fútbol a darse una vuelta por los escenarios donde se juegan los partidos, algo que volverá a suceder cuando se supere la pandemia, ya que actualmente la competencia está suspendida por las medidas sanitarias vigentes en el país.

José Alfredo Zelaya (51 años), Sergio Gómez (53) y Fabián Salomón (50) son tres de las figuras que participan en los torneos de las categorías + 40 y + 47.

La entidad, que tiene su sede en avenida Juan B. Justo al 1.800, cuenta con 20 equipos que militan en ambas categorías y representan a distintos barrios de la capital provincial. Los partidos duran 80 minutos -divididos en dos períodos de 40’ cada uno- y se disputan en los campos de juego que los participantes eligen para afrontar los compromisos cuando actúan de locales.

Hasta que el coronavirus apareció en China y se extendió por todo el mundo, los fines se semana había actividad plena. Los partidos se jugaban entre sábado y domingo. Allí se mezclaban los que jugaron profesionalmente con aquellos que no tuvieron la suerte de competir en el máximo nivel. Hoy, como sucede en todos los niveles, la competencia entró en receso. Y, claro, todos quieren volver. En este caso, el sufrimiento es doble. La sensación es que el retiro se hizo presente una vez más. Cuesta aceptarlo, pero no hay otra salida.

AHORA VA AL ARCO. Fabián Salomón se convirtió en arquero. “Juego cuando me necesitan”, reconoció.

“Hay un viejo refrán que dice ‘no hay mal que por bien no venga’. Si bien lamento no poder ir a jugar con mis amigos, aprovecho la cuarentena para estar con mis hijos Oscar y Harold. También comparto más tiempo con la familia. En la casa estamos cumpliendo a rajatabla la cuarentena, mientras rogamos que esta crisis que nos afecta a todos por igual la podamos superar lo antes posible”, comentó Fabián Salomón, uno de los ex profesionales que forman parte del torneo de veteranos. “Para ser sincero, juego cuando me necesitan porque falta algún compañero (risas). Pero eso no me preocupa. Lo lindo de todo esto es tomar el bolsito y reencontrarme con viejos amigos, esos que siempre estuvieron cerca y a los que aprendí a estimar con el correr de los años. Para muchos no es fácil dejar la práctica activa. Por eso valoramos esta competencia. Es un atenuante para superar una hermosa etapa de nuestras vidas”, destacó el ex volante central de Central Norte y de San Martín

Tres generaciones

Salomón pertenece a un familia futbolera. Su padre, Oscar Camilo “Chingolo” Salomón, fue una figura emblemática de la entidad de barrio El Bosque. Sus hijos, en tanto, siguieron la huella y componen la tercera generación. Oscar es defensor; juega en Central Córdoba de Santiago del Estero, equipo que milita en la Superliga, y su pase pertenece a Boca. Harold, por su parte, forma parte de las inferiores de San Martín.

Tremendo goleador

“Cachi” Zelaya fue uno de los mejores delanteros que tuvo el fútbol tucumano en los últimos 30 años. Comenzó a tallar su capacidad goleadora en Central Norte y las puertas del fútbol profesional no tardaron en abrirse. Atlético apostó por él y no se equivocó. Poco a poco se convirtió en una de las figuras del Nacional B. Cuando San Martín llegó a Primera decidió comprar el pase. Las negociaciones se prolongaron durante varias semanas hasta que finalmente hubo “humo blanco”. Años después se incorporó a Talleres de Córdoba, cuyos hinchas lo pusieron a la altura de los grandes ídolos del club. También tiene un ascenso con Olimpo. Tras su retiro se incorporó a los veteranos y juega en Tavio, un club que tiene su sede en el barrio Vial, donde se crío y nunca olvidó.

Las presiones que debe soportar un futbolista profesional son muchas. Ahora llegó el tiempo de disfrutar del potrero, como cuando eran chicos. “A esta altura de la vida disfruto el fútbol de otra manera. Espero los partidos para confraternizar con los amigos que coseché durante mi carrera y que por suerte fueron muchos. En lo personal sigo manteniendo el fuego sagrado. Cuando salgo a la cancha quiero ganar. El nivel de competencia se mantiene intacto en todos nosotros y eso es bueno. Después, cuando el partido termina nos damos un abrazo y compartimos un rato para recordar anécdotas de nuestra época de futbolistas”, comenta Zelaya en la charla con LG Deportiva. El aislamiento y algunos temas personales lo alejaron temporalmente de la competencia, pero espera que todo pase pronto para retornar con todo.

Confraternidad

“Vizcachón” Gómez trascendió en las canchas tucumanas en la década del 80 jugando para Sportivo Guzmán. Actualmente forma parte del plantel del club Los Amigos, uno de los grandes protagonistas del torneo. “Un futbolista pierde su capacidad física después del retiro, pero el fuego sagrado que le permitió trascender en su época de jugador siempre se mantiene intacto. Si bien salimos a la cancha dispuestos a ganar, cuando todo termina reina la confraternidad. Eso es prioridad para nosotros. Antes de la cuarentena nos reuníamos para comer un asado. Iban compañeros actuales y antiguos amigos que fuimos conociendo a través del deporte”, señaló

Gómez forma parte de una camada de ex jugadores que trascendieron a todos los niveles, como Antonio Apud, Fabián García y Ricardo Solbes.

La actividad física despeja la mente y es un cable a tierra para eliminar tensiones, según reconoce Gómez. “Los partidos duran 80 minutos y la satisfacción de ponernos otra vez los botines y los pantalones cortos no se compara con nada. Nos permite recordar viejos tiempos, además de recargar las pilas para encarar durante la semana nuestras exigencias cotidianas”, destacó.

El ciclo de un futbolista tiene fecha de vencimiento. Un día hay que aceptar que ya no se puede cumplir con ciertas exigencias y el adiós es inminente. Pero por suerte para ellos, el mundo de la pelota no se detiene. Siempre hay una alternativa para seguir ligado a una actividad que les dio todo. Ellos saben que hay fútbol después del retiro. Y lo disfrutan a su manera.