Los mosquitos Aedes aegypti no vuelan mucho más de 200 metros. Pero sí viajan con las personas de un barrio a otro y de una localidad a otra. Cuando se trasladan y luego se reproducen, el resultado es una diversidad genética que les permitiría a estos insectos una mayor capacidad de transmitir el virus del dengue y de generar resistencia a los insecticidas.

Esa es la conclusión de estudios realizados en distintas poblaciones de mosquitos. Walter Almirón, director del Centro de Investigaciones Entomológicas de Córdoba y autor de un trabajo sobre la genética de los Aedes en esa provincia, contó que se descubrió un verdadero crisol genético después de haber estudiado larvas en unos 20 sectores distintos de la ciudad.

Por qué se produce tal variabilidad genética en estos mosquitos, fue la pregunta que se hicieron Almirón y Ana María Ayala, licenciada en genética y becaria del Conicet. En palabras simples, el fenómeno tiene que ver con los entrecruzamientos: nosotros llevamos los mosquitos en los vehículos y eso hace que ellos se vayan mezclando.

Ayala explicó más en detalle cómo llegaron a esa conclusión. Por un lado, el constante flujo comercial hace que converjan desde diferentes orígenes geográficos distintos “stocks genéticos”. Los mosquitos proceden de distintos lugares, principalmente del noroeste y noreste de Argentina, y de países vecinos, como Brasil, Paraguay Bolivia.

“Por otra parte, el mosquito Aedes aegypti tiende a desplazarse (volar) sólo 100 o 200 metros, lo que también lleva al establecimiento de pequeñas subpoblaciones que van diferenciándose genéticamente entre sí debido a que intercambian pocos genes entre las mismas”, describió Ayala.

Para sorpresa de los investigadores, cuando compararon los barrios con mayor variabilidad genética vieron que estos estaban cerca de los puntos de ingreso a la ciudad y coincidían con las avenidas más importantes y rutas, donde pasan muchos autos, colectivos y camiones.

“Esto refleja de manera concreta el transporte pasivo (traslado de huevos, larvas y adultos por parte de las personas) del Aedes”, puntualizó la especialista.

¿En qué viajan los mosquitos, sus larvas o sus huevos? Depositados en lugares como plásticos que recubren mercaderías en camiones, en un rodado de gran porte que traslada neumáticos. O en un colectivo que tuvo las puertas abiertas en una terminal y entraron insectos adultos y los trasladó a otra ciudad. O en un auto, dijo la investigadora.

Ventajas

“En la especie humana, hay personas con diferente color de piel o tipo de cabello. Esos rasgos tienen que ver con la herencia o variabilidad genética”, explica Almirón. En el caso del Aedes aegypti, esas características genéticas significan una ventaja para ellos. “Pueden estar asociadas a la capacidad que tiene el mosquito de infectar y contagiar los virus o al grado de tolerancia a los insecticidas, entre otros aspectos”, detalló a LA GACETA el especialista.

Según su perspectiva, los resultados del estudio son fundamentales para el control vectorial porque muestran que somos las personas las responsables en gran parte de cuánto se pueda extender un brote de la enfermedad.

El trabajo -publicado recientemente en la revista científica the Journal of Medical Entomology (Oxford University Press)- demuestra el actual y continuo ingreso del mosquito al país por transporte pasivo, explica Ayala.

Ademas, evidencia la necesidad urgente de implementar controles sanitarios en aquellas rutas donde se produce un gran desplazamiento de personas. “En caso de tomarse medidas de control vectorial, los sitios con mayor variabilidad genética deberían ser aquellos donde se actúe con mayor intensidad, ya que estarían actuando como ‘puertas de ingreso’ de Aedes aegypti a una ciudad”, advirtió Ayala.

No son mutantes

Para la especialista, el hecho de que se observe alta variabilidad genética no es un indicador de que haya mosquitos más “peligrosos” o “mutantes”. “Sin embargo, aumenta las probabilidades de que, en este constante ingreso de mosquitos diferentes genéticamente, ingrese algún insecto con alguna particularidad genética que favorezca su eficiencia para transmitir el virus”, dijo en coincidencia con Almirón.

“Esta investigación no debe generar miedo, sino lograr que la gente tome conciencia de que con muy poco se puede lograr mucho. El descacharrado es la manera más eficaz y simple de eliminar al mosquito de cada hogar y espacio común”, resaltó.

Almirón es más crítico a la hora de evaluar cómo las autoridades sanitarias encaran las tareas de prevención del dengue. “Los trabajos son manejados principalmente por médicos a partir de la vigilancia de pacientes febriles, cuando lo ideal es encarar una epidemia controlando el insecto vector. Lo lógico sería que se resuelva el problema desde el punto de vista entomológico”, precisó.

“Hay que actuar sobre las casas, donde están los criaderos de mosquitos. Y tiene que ser una tarea de todo el año. Aquí se ven muchas acciones cuando ya está la enfermedad. Entonces, salen a fumigar por todos lados, que es la menos eficiente de todas las medidas para atacar el vector”, puntualizó.

El avance de la epidemia: ya hay 353 casos de dengue en la provincia

Tucumán sumó más de 50 casos de dengue en las últimas horas y la cifra de infectados llega a 353, informó el Ministerio de Salud. La gran mayoría de los enfermos vive en el Gran San Miguel de Tucumán. El Siprosa hace tareas de bloqueo de la patología, transmitida por el mosquito Aedes aegypti. Donde se detectaron casos de dengue, los agentes sanitarios deben verificar que las viviendas tengan los patios limpios y sin recipientes que sean posibles criaderos de mosquitos. Ante cualquier síntoma (fiebre alta, dolor muscular y picazón) se debe buscar ayuda médica. No hay casos de dengue grave, pero están internados en observación varios pacientes, entre ellos cinco niños.