Miniserie / por Netflix

Kjetil Indregard dio a luz un enorme éxito de la TV noruega (“Maniac”), que hasta tuvo versión estadounidense en Netflix dirigida por Cary Fukunaga. Indregard incursiona esta vez en el terror y el suspenso con una antología de seis breves episodios unitarios (sólo uno supera la media hora de duración), en los que queda demasiado lejos de sus mejores momentos. De tan previsibles, las historias de “Bloodride” huelen a repetición. Poco las ayuda el flojo nivel de las actuaciones y una llamativa pereza creativa al momento de construir la imaginería visual. El terror se nutre de atmósferas inquietantes y aquí no superan la placidez de lo bucólico.

Del naufragio se salva el capítulo inicial (aunque no importa el orden con el que se miren). Indregard cuenta sobre una antigua piedra sacrificial escandinava, cuyo uso da buena suerte. Tal vez explorando esos universos propios y originales hubiera encontrado el tono justo. Otros episodios van desde lo confuso (el de los escritores) a lo anodino (el del misterio en una antigua escuela). Y para finales cantados, el del millonario que tortura a sus empleados. No hay mucho más.