Por Pbro. Marcelo Barrionuevo.-

Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: Rabbí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego? Respondió Jesús: ni pecó este ni sus padres, sino que así ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él.

Desde el Evangelio de hoy hagamos una reflexión extensiva sobre lo que nos toca vivir a nivel global y personal sobre la pandemia. Tambien ella es una cruz y la debemos llevar con fe y buen ánimo.

Ninguno es ajeno a este fenómeno. Su realidad biológica hecha enfermedad en el sujeto humano ha involucrado un catálogo de crisis que va desde la financiera hasta lo mas profundo del comportamiento social, como es vivir en cuarentena. Mucho de enseñanza dejará toda esta experiencia, entre las cuales vale considerar una justa y prudente jerarquía de prioridades.

A) Ver y no ignorar la realidad. La sabiduría en este caso es reconocer que estamos frente una pandemia que circula en medio de nuestras vidas y no podemos tomarla a la ligera. Es una oportunidad de madurez humana y cívica que debe mostrar lo mejor de nuestra condición de seres humanos. La paradoja existencial es que hoy ayudamos al otro estando más lejos para no trasmitir contagio y al mismo tiempo separarnos es el mejor modo de cuidarlos. Esta es la realidad y es lo que mejor conviene al tiempo que se nos viene. ¡Hay que quedarse en casa!

B) Hemos de juzgar y analizar lo que nos pasa. La humanidad no viene viviendo bien, la sociedad no está llevando su existencia de un modo virtuoso. El consumismo como religión ha fracasado, no podemos reducir la humanidad a tener y tener, generando una ausencia global de lo espiritual para caer en un reduccionismo de cosas que se consumen. Este criterio del consumo ha marcado el modo de juzgar y utilizar la cosas y lo único que logró es un mundo líquido e invertebrado que ha puesto en crisis la propia identidad humana. Esta pandemia debe generar un crack no solo económico sino moral que nos ayude a crecer hacia arriba, hacia valores más fundamentales.

C) Las pestes son como serios exámenes de conciencia global que nos obligan como seres humanos, como sociedad, a reflexionar con alta gravedad sobre el modo con el que estamos llevando el estilo de la vida. Es como que este virus muestra el colapso de los paradigmas del siglo XX, en los que el hombre se sintió que todo lo podía y sabía; lo que no esperó es que su estilo de vida entre en crisis de sentido teniendo todo a su mano. Ya Camus decía que las pestes pueden sacar lo mejor o lo peor de la condición humana y a lo largo de la historia se vuelve a comprobarlo. Este momento histórico es una oportunidad de renovar la fe profunda que alienta y sostiene la esperanza y que se traduce en la caridad de volver a Dios y de saber que el mejor amor al prójimo es cuidarse para cuidar.

D) Es una oportunidad de resurgir. El “Va Pensiero” de Verdi nos alienta a mirar la belleza de nuestra tierra y a generar la esperanza de lograr lo mejor para ella. Pero a esa esperanza humana se la sostiene desde la fe. Dios es Señor de Historia y a Él le confiaremos salir adelante. La crisis de salud es de tal envergadura que no hay ciencia humana ni poder económico sólido que la pueda contener. Todo nos lleva a saltar la mirada hacia arriba, hacia el Señor a quien invocamos con fe para que disminuya esta pandemia y nos dé fortaleza y disciplina para vivirla. Los testimonios de muchos en los países críticos están mostrando que la fe es un soporte esencial porque le da sentido a la enfermedad y a la misma muerte. No decaigamos en la fe y en clamar a Dios que disminuya esta enfermedad y que sea breve el tiempo de la prueba.

Ante todo repetir: alma... Calma.