Para algunos era un hombre divertido y charlatán; para otros, callado y algo taciturno. A pesar de estas diferencias al parecer irreconciliables, hay algo en lo que coinciden todos los que conocieron a Carlos Ernesto Marcovich: es un hombre que nunca pasó inadvertido. Y eso parece una ironía cuando se habla de una persona que permaneció prófuga más de seis años (en dos períodos distintos).

Marcovich fue capturado la semana pasada en Salta. Llevaba dos años prófugos (huyó en dos oportunidades de la Justicia). Está condenado por el crimen de Juan Carlos Carrizo, a quien quemó vivo, y se lo acusa de haber abusado de una menor de edad.

Hasta el crimen de Carrizo vivió en una casa ubicada en Ernesto Padilla 529. Compartía ese hogar con Rosa Cortez y con sus hijos. Sin embargo, durante el proceso que se le siguió se descubrió que tenía al menos tres amantes.

Antes del asesinato del linyera se desempeñaba como chofer de ambulancias en el Siprosa. Fue ascendiendo en esa institución hasta convertirse en el encargado de los sueldos de sus compañeros. Sin embargo, los $ 500 que cobraba no le alcanzaban para mantener una doble vida. Consiguió un segundo trabajo en una clínica privada. Allí entabló nuevas relaciones con otras mujeres, de acuerdo con lo que se desprende de la causa.

Perfil psicológico

En mayo del año 2000, LA GACETA publicó la descripción que hizo el psicólogo Manuel Andújar sobre la salud mental del por entonces sospechoso: “por los datos periodísticos que tengo, estaríamos frente a una personalidad psicopática o perversa. Esto quiere decir que la persona puede llegar a la mitomanía y a crear situaciones inventadas deformando la realidad”.

Andújar agregó: “la característica principal de quienes padecen este tipo de personalidad es que, luego de mentir o inventar situaciones, no tienen ningún tipo de culpa. Esto explica una alteración no reconocida por sí mismos. No sienten la angustia concomitante que tiene un hombre común”.

“Todo esto supuestamente se contradice, porque estos individuos poseen una gran capacidad de actuación, y podrían engañar a personas muy cercanas haciéndose pasar por seres muy sensibles”, había dicho Andújar.

Durante las 12 horas que declaró ante el fiscal Héctor Abraham Mussi en el año 2000, tras el crimen del linyera, contó una historia fantástica, según la describieron en aquel entonces las fuentes consultadas por este diario. Sin embargo, él parecía creerla. El mismo fiscal le dijo a la prensa que a lo largo de sus distintas declaraciones se contradijo en al menos 18 oportunidades.

Sus mujeres

Una de sus ex parejas, Mary Sánchez, parecía no guardarle rencor durante el juicio. “A mí siempre me trató bien. Es muy buen hombre, medio callado y de pocos amigos”, ilustró. Lo único que Sánchez pudo reprocharle es no haberle confesado nunca que mantenía otras relaciones sentimentales. El fiscal Mussi encontró 11 cartas de amor que Marcovich atesoraba en su oficina. Se cree que una cuarta amante misteriosa las habría escrito. En una de ellas se leía: “sueño con poder estar juntos para siempre”.

“Estaba loca con él. Lo llamaba todos los días y lo quería ver a toda hora”, reconoció Alejandro, compañero de trabajo en la clínica.

Viviana Abraham, otra de sus amantes, dijo en aquel momento que estaba perdidamente enamorada de Marcovich y aseguraba que era algo recíproco. Lo describió como un excelente padre y reveló que su esposa sabía de esta relación paralela. “Carlos no se separaba de la mujer sólo por los chicos”, reveló Abraham ante la prensa.

En el juicio, su esposa, Rosa Cortez, aseguró que era un buen padre y un hombre trabajador que se encargaba de que no faltara nada en la casa.

En los períodos en los que permaneció prófugo y tras las rejas mantuvo relaciones con al menos tres mujeres más.

Vecinos

Ramón Benítez, vecino del barrio en el que vivía Marcovich, fue una persona clave en esta historia. “Estuve charlando con él una hora después de que encontraran el cuerpo”, manifestó este individuo. “Iba medio apurado. Lo miré dos veces para asegurarme que era él y entonces le pregunté ¿cómo es eso que dicen en la radio que usted está muerto? Me respondió que no entendía nada y se fue ligerito”, recordó Benítez.

Otros habitantes de la zona aseguraron que el asesino conocía a su víctima. Más de uno había jugado partidos de fútbol con ellos, y dejaron constancia en fiscalía de que Carrizo y Marcovich habían compartido la cancha del barrio en varias ocasiones. Con el testimonio de esos testigos, la causa pudo ser elevada a juicio oral el 18 de septiembre de aquel año.

Buen concepto

Muchas personas tenían un buen concepto del acusado, dada la imagen familiera y tranquila que mostraba. “Nunca tuvo problemas, Es un buen padre. Esto nos asombra”, explicó por aquellos días Margarita, una vecina. “Habría que ver qué fue lo que pasó realmente. Aquí siempre fue bien visto por la gente”, advirtió Juan José, otro vecino.

“Me da mucha lástima todo esto, pero la verdad es que desde hace un mes estaba más callado que de costumbre”, observó Jorge, otro colega. “Siempre fue un buen tipo, no podemos comprender esto. Cuando nos enteramos no podíamos creerlo”, expresó “Cacho” Soregaroli, quien trabajó 15 años junto con Marcovich.

También hubo quienes conocieron otro aspecto del asesino. “Vivía pidiendo plata y después no la veías más. Además mentía todo el tiempo. Esto le iba a pasar en cualquier momento”, sentenció Luis, un compañero del Siprosa.

“Quiero que se pudra en la cárcel”, resumió José, un acreedor al que le quedó debiendo $10.000.

En prisión

“Todos los días leemos el diario para saber cómo sigue la novela. El no habla demasiado, pero dice que no tiene nada que ver en todo lo que está pasando. Mucho no le creemos. Al final, todos decimos lo mismo”, expresó Sergio, compañero de pabellón de Marcovich por aquellos años.

Las autoridades del penal lo consideraban un hombre disciplinado y de buen comportamiento. Eso sí: a la fama de mujeriego la mantuvo en prisión. Cuentan los guardiacárceles que durante la semana lo frecuentaba Viviana Abraham, y que los domingos recibía a su esposa y a sus hijos. Hasta que se fugó.