En el universo de Julio Verne, Phileas Fogg y Jean Passepartout tardaron solo 80 días en dar la vuelta al mundo. Sin embargo, si buscamos en Wikipedia, los aventureros hicieron un recorrido casi de forma lineal. Por ello, aunque el título de “vuelta al mundo” suena grandilocuente, en el trayecto de la ficción de Verne solo completaron 40.000 kilómetros, aproximadamente. Este dato nos aproxima a la dimensión de la proeza de otros dos aventureros, Claudia Rossini y Germán Guntern. Desde hace diez años, estos tucumanos viajan y recorren el mundo. En todo ese tiempo han completado en moto 420.000 kilómetros a través de 92 países buscando unir  los puntos extremos en cada uno de los cinco continentes.

Todo comenzó una noche, mientras cenaban en La Quiaca, Jujuy. Allí, Claudia y Germán se prometieron pasar sus próximos cincuenta años en el lugar que más les gusta: viajando arriba de una moto. Germán quería empezar por Alaska; su mujer, en Europa. La promesa no era descabellada para estos dos aventureros: en 1981 ya habían pasado su luna de miel sobre una moto Suzuki 450.

LA GACETA/ JUAN PABLO SÁNCHEZ NOLI

A partir de entonces, y durante estos cuarenta años que llevan juntos, la moto sigue siendo su medio de transporte preferido. Han suerado innumerables desafíos, que incluyen un recorrido en enduro por los nevados del Aconquija. “Empezamos a programar el viaje pensando siempre en nuestros hijos: Geremías, Alexia y Melanie”, cuenta Claudia. La primera travesía se organizó para unir Ushuaia y Alaska en un período de cuatro meses. “Decidimos viajar, pero pensando en encontrar a los chicos en un punto del viaje y pudimos hacerlo; por eso, luego nos animamos a diseñar un viaje más grande”, detallan.

Claudia dice: “tuvimos la amplitud de pensamiento de mirar al futuro pensando que nuestros hijos también tendrían su familia y nosotros seríamos un complemento en sus vidas. Germán me dijo algo muy sabio: ‘en lugar que los chicos dejen la casa, dejemos nosotros la casa antes de que los chicos se vayan’”.

Con el ánimo de la primera promesa cumplida, Germán fue consiguiendo auspiciantes: BMW, Touratech. “Es una forma de vida que tenemos, un poco nómades; para nosotros nuestra casa, nuestro caracol durante el viaje es la moto -dice-. Y nos damos cuenta de que no se necesita mucho en la vida para ser feliz. Tan poco como una valija para cada uno”, asegura él.

En estos 10 años, al viaje lo hicieron en varias etapas. Durante ese tiempo, regresaron a la Argentina muchas veces y, en esas situaciones, dejaron la moto en casa de los amigos que fueron haciéndose a lo largo del viaje. Se trata, dicen, de una solidaridad especial que se despierta dentro de la comunidad motoquera y que está presente en cada país que recorrieron. El viaje también les regaló experiencias inolvidables: aprendieron junto a pescadores en medio de África a sacar con ellos los peces del agua y repartirlos a quienes los necesitaban. También compartieron la experiencia de cosechar arroz con campesinos en otro continente.

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Durante estos años, ambos tuvieron algunos accidentes. Germán en Australia y Claudia, en Amazonas. Sin embargo, 10 días después ya estaban viajando nuevamente. “Se puede viajar de muchas formas, en avión, en auto, tren; pero para mí en la moto estás dentro del paisaje”, dice Germán. Claudia agrega: “nuestra forma de viajar es en la moto y no de otra manera, quizás cuando el físico no nos responda tendremos que continuar en un motorhome u otro vehículo, pero el hecho de poder viajar y subir la visera para que te dé el viento en la cara es como un soplo de vida; es lo más lindo que te puede pasar en la vida”.