Por Alfredo Ygel

PARA LA GACETA - TUCUMÁN

Lara busca aquello que todo transexual anhela: que la medicina a través de sus avances en la endocrinología y la cirugía le posibiliten la metamorfosis de su cuerpo. Les propongo una lectura del desarrollo de esta excelente película que obtuvo importantes premios en Cannes y otros festivales de cine, y que fue consagrada como una de las mejores películas del año 2018.

Lara, que es el nombre que adopta la joven de nuestra película en reemplazo de su inscripción como Víctor, quiere desprenderse del órgano masculino y de los caracteres sexuales secundarios que su acceso a la pubertad la encallan en un ser masculino que rechaza. El transexual comete el mismo error común que todos los seres humanos: creer que la diferencia anatómica marca la diferencia sexual. Lo que el transexual piensa es que por tener un pene es varón, por lo que debe extraer esa excrecencia que tiene en su cuerpo.

La joven vive con su padre y su hermano menor de quien hace de madre, ya que su madre está absolutamente ausente, lo que constituye una marca con consecuencias en la determinación de Lara. Mientras se prepara para la cirugía ablativa se entrega a su pasión de convertirse en bailarina de ballet. Se traslada junto a su familia a una nueva ciudad donde se propone ingresar a una famosa escuela de danzas clásicas.

Lara se entrega a un exigente entrenamiento de danza a pesar de los obstáculos y límites que su anatomía masculina le presenta y al mismo tiempo muestra una férrea perseverancia en su decisión por lograr los objetivos de transformar su cuerpo y convertirse en mujer. Fuerza al máximo los límites de su anatomía en la estricta disciplina del ballet, lo que le produce un sangrado constante de sus pies en el intento de lograr las posiciones del ballet.

Asimismo su ansiedad la hace ingerir en exceso la medicación que frena el desarrollo puberal masculino para adquirir los caracteres sexuales secundarios femeninos.

La película comienza cuando su hermanito de seis años la despierta en su cama llamándola con insistencia por su nombre, Lara, entregándose ambos a retozar amorosamente en la cama en una tierna imagen de madre e hijo. Se trata en Lara de su identificación con la mujer que en el transexual puede adoptar la condición de vedette, o la de madre.

Ocultamiento y desnudez

Lara se somete a los tratamientos hormonales que le administra la medicina y espera ansiosa que los resultados de transformación de su organismo le posibiliten la operación de extirpación de los genitales masculinos. A la espera de la solución quirúrgica, busca que su cuerpo se adecúe a su ser de mujer adquiriendo los caracteres sexuales secundarios femeninos. Busca encontrarse con la apariencia, con su semblante de mujer.

Lara esconde, disimula, su atributo fálico para poder proseguir sus estudios de danza en la academia de ballet. Esa situación es intuida por sus compañeras quienes en una situación de bullyng le preguntan acerca de su condición sexual, insistiendo en el “error común”. Las adolescentes la interrogan “¿cómo debemos verte, como chico o chica? Momentos después le piden revelar lo incógnito: “Veamos tu cosa…muéstrame tu pene”. La tensión dramática invade la escena cuando Lara levanta su vestido y las adolescentes, perplejas observan el pene develando en la desnudez lo que Lara escondía en sus apariencias femeninas.

La dramática de la película va en aumento mientras el cuerpo de Lara desfallece. Los médicos deciden interrumpir por un tiempo el tratamiento en resguardo de la vida de la muchacha. Lara se desespera ante el límite que se le impone en el camino que ha trazado para realizar su destino y lograr el anudamiento en su psiquismo que la cirugía le ofrecía. Ante la vivencia angustiante de quienes asistimos a la proyección de la película, ejecuta la automutilación de sus genitales. La llegada de la emergencia médica, a la que Lara había llamado con anterioridad, y la compañía de su padre logran la recuperación de la autolesión producida. En la escena final de la película Lara camina con paso firme en un lugar público. Su semblante y belleza de mujer trasmite la satisfacción de haber alcanzado un destino largamente anhelado.

La película nos conmueve en tanto viene a mostrarnos lo posible de la certeza y la identificación a La mujer como modo de remedar la falla, la ausencia de relación sexual, mediante el recurso de la autodesignacion y de la declaración del sexo. Nos dice así el sujeto trans que es posible la elección voluntaria del sexo excluyendo el equívoco del inconsciente y lo real del goce.

Certezas y desajustes

¿Qué nos enseña entonces el transexual en su intento de liberarse de ese cuerpo que lo mantiene apresado, en ese “error de la naturaleza” en tanto se define como “una mujer en un cuerpo de hombre”? Esta certeza de “ser mujer” viene a decirnos a contrario, de esa inadecuación siempre presente en la sexualidad de todo ser humano. Cuantas veces aparecen en la vida de todo sujeto la pregunta acerca de si es totalmente hombre, o verdaderamente una mujer. También en el encuentro entre los cuerpos surge la interrogación de si dicho goce se corresponde al lugar masculino o femenino..

El transexual es el único ser humano que tiene la certeza de su identidad sexual.

Esa certeza intenta asegurar eso que en la sexualidad es siempre ambiguo, inquietante, a veces angustiante. Es lo que en nuestra clínica traen nuestros analizantes en la pregunta acerca de su deseo y goce sexual. Lo que el transexual viene a mostrar es que es posible desabrochar las categorías de sexo (lo anatómico del órgano), del género (lo que refiere a las identificaciones y lo que la cultura dicta de lo que debe ser hombre o mujer). Plantea que es posible mediante las cirugías adecuar o remediar ese desajuste anatómico de una mujer o un hombre que nacieron en un cuerpo inadecuado. Terapéutica que a veces consigue el resultado esperado y otras un desenlace siniestro para quienes se sometieron a la misma provocando desencadenamientos psicóticos, intentos de suicidios o la muerte misma. Es que los humanos carecemos de garantías y certezas sobre nuestro lugar en la sexualidad en tanto hombre o mujer. Más bien es una pregunta la que subyace en la sexuación de cada sujeto, proceso en el que cada uno va construyendo su respuesta a partir de las determinaciones y marcas de su historia.

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Alfredo Ygel - Psicoanalista. Miembro del Grupo de Psicoanalisis de Tucumán.