«Dijo Jesús a sus discípulos: “cuando venga el Hijo del hombre pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre» (Mateo 24,37-44).

I. La Iglesia desea que todos sus hijos tengan la misma actitud de expectación que tuvieron los profetas del Antiguo Testamento, ante la venida del Mesías. Considera como una parte esencial de su misión hacer que sigamos mirando hacia el futuro, aún ahora que se cumplen dos mil años de aquella primera Navidad. Nos alienta a que caminemos con los pastores, en plena noche, vigilantes, dirigiendo nuestra mirada hacia la luz que sale de la gruta de Belén.

II. Los enemigos que luchan sin tregua para mantenernos alejados del Señor están en el fondo de nuestra alma. Son la concupiscencia de la carne, que es también la comodidad, la falta de vibración, que empuja a buscar lo más fácil; y el otro enemigo, la concupiscencia de los ojos, que es una avaricia de fondo, que lleva a valorar solamente lo que se puede tocar. Ya que el Señor viene a nosotros, hemos de prepararnos con una confesión llena de amor y de contrición.

III. Estaremos alerta a la venida del Señor, si cuidamos con esmero la oración personal, si no descuidamos las mortificaciones pequeñas, si hacemos un delicado examen de conciencia. Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará. Nuestra Señora espera con gran recogimiento el nacimiento de su Hijo. Junto a Ella nos será fácil disponer nuestra alma para la llegada del Señor. Textos basados en ideas de “Hablar con Dios”, de F. Fernández Carvajal.