LLa novela “La ciudad de los sueños”, obra de ese destacado escritor tucumano que fue Juan José Hernández, aparecida en 1971, alcanzó rápidamente justa celebridad en las letras argentinas.

El crítico Eduardo Cozarinsky afirmó que “sólo podría haberla escrito un argentino provinciano” y que “reclama legítimamente una de las tradiciones centrales del género, tal vez su entraña más vital: la del Balzac de ‘Ilusiones perdidas’. Pero lo hace con una economía narrativa, con un sentido de la composición, de la relación elocuente entre sus peripecias y el vasto cuerpo social donde se engarzan, como solo un poeta, en la segunda mitad del siglo XX, puede llevar a la práctica ese género”.

El texto de Hernández se inicia informando la distribución y el mobiliario principal de la casa de una familia acomodada, que su argumento coloca en el centro de San Miguel de Tucumán, al iniciarse la década de 1940.

Escribe que “la casa de los Figueras, sus balcones de hierro que miran a la plaza principal, rodeada de naranjos; la puerta de calle, el amplio zaguán, la verja, la mampara de vidrios azules y rojos que divide el vestíbulo del primer patio; el dormitorio de la abuela, la cómoda de caoba y encima la imagen del Niño Dios en un fanal; el ropero de tres cuerpos, la cama de altos espaldares de bronce”…

Después, “el primer patio cubierto por un toldo; la galería lateral con piso de mosaico ajedrezado; el juego de sillones de mimbre, las macetas donde crecen palmeras enanas, begonias y helechos sombríos”. Y al final, “el fondo de la casa, el gallinero disimulado por un cerco de ligustro, el áspero follaje de una higuera”.