BUENOS AIRES.- Cuando pase el dolor de la derrota agónica ante Flamengo en la final de la Copa Libertadores y más allá de los compromisos inmediatos que debe cumplir, a River le llegará el turno de despejar una duda central: ¿seguirá Marcelo Gallardo al frente del plantel?

Y la duda es central porque va más allá de la coyuntura: Gallardo, junto con Enzo Francescoli (manager general), es la columna vertebral del proyecto futbolístico de River.

Su salida implicaría la reestructuración completa del plan que el presidente Rodolfo D’Onofrio diseñó hasta el final de su mandato y también el cierre de uno de los ciclos más brillantes del club a lo largo de su historia.

Curiosamente, la derrota ante el conjunto brasileño en Perú parecería ampliar el margen para la continuidad del “Muñeco”. Dicho de otro modo: lo que hubiese sido una nueva coronación en la Libertadores y la clasificación al Mundial de Clubes habría dejado más profundamente la sensación de ciclo cumplido, de círculo cerrado, de que más gloria es imposible.

La final “de todos los tiempos” que le ganó a Boca en Madrid el 9 de diciembre de 2018, refrendada con una nueva eliminación al clásico rival en las semifinales de esta edición de la Copa, relegó a un segundo plano cualquier otro objetivo deportivo. Inclusive el propio Mundial de Clubes, en el que Gallardo fracasó dos veces.

Pero hay decepciones que instalan la necesidad de una revancha y lo sucedido ante Flamengo tiene gusto a eso: el espíritu competitivo de Gallardo (que con su decisión, sea cual fuere, de ningún modo pondrá en juego el amor eterno de los hinchas “millonarios”), podría inclinar la balanza hacia su continuidad.

Frustración

“Nos duele porque la teníamos ahí”, se lamentó el entrenador en la conferencia de prensa luego de la derrota en el Monumental de Lima. Es cierto: River ganaba 1-0 hasta cinco minutos antes del cierre. Una ráfaga en la que coincidieron errores propios y virtudes ajenas le pulverizaron la ilusión del bicampeonato.

Esa cercanía con la gloria, que se escapó como arena entre los dedos en un suspiro, es lo que impulsa las ganas de volver para reconstruir o completar el sueño. Como si la caída ante los cariocas le hubiese impuesto a Gallardo una deuda que no tenía.

En el futuro inmediato a River le queda la final de la Copa Argentina con Central Córdoba de Santiago del Estero (importante, porque da un pasaje directo a la fase de grupos de la próxima edición de la Libertadores), y la recta final de la Superliga Argentina de Fútbol, una deuda del DT, sí, pero una deuda muy menor en el marco general de su campaña personal.

Ninguna de las dos competencias, se supone, tendrán demasiada relevancia en el balance individual del entrenador. Tampoco la posibilidad de un nuevo éxodo de jugadores (“Gallardo es un genio, armó 10 equipos distintos en cinco años”, lo resumió hace unos días Juan Román Riquelme). Ya habrá tiempo de planear el 2020 en Núñez, con la idea fija de volver a jugar instancias finales de los torneos que afronte. Ya habrá tiempo para saber si se concreta alguna venta (Lucas Martínez Quarta y Exequiel Palacios son los más buscados por clubes del exterior) o si hay alguna renovación, más allá de que la intención es mantener a todo el plantel y seguir dándole saltos de calidad.

Lo que sí jugará es el abanico de ofertas que le llegarán a Gallardo, desafíos superiores, empezando -si se confirman los rumores insistentes- por el poderoso Barcelona de Lionel Messi. (Télam-Especial)