CUENTOS

CALLES Y OTROS RELATOS

STEPHEN DIXON

(Eterna Cadencia - Buenos Aires)

Cuentos cortos, concisos, trágicos. Los lectores responden de manera heterogénea: se ríen a carcajadas o se conmueven. O ambas. O sienten culpa por reírse. Las situaciones son muy tristes pero a la vez exageradas hasta el absurdo: burocracia lenta, gente que actúa por fuera del sentido común, personajes oprimidos por una sociedad que abunda en contradicciones.

Parece que estoy hablando de Relatos salvajes, de Szifrón, pero no. Me refiero a los cuentos de Calles y otros relatos. Si bien son cuentos variados, hay otros factores, además de los mencionados, que ponen a los relatos en un nivel mayor de unicidad. En primer lugar, en todos hay una situación en la que el protagonista lucha por conseguir algo, generalmente escapar. El escape subyace en distintas formas como solución ante problemas cuya magnitud hace que sean difíciles de afrontar: la separación, la muerte, la culpa, entre otros. También es común que ocurran acontecimientos inusuales en la vía pública y se junte una multitud a mirar y juzgar lo que está pasando, habitualmente con criterios e intervenciones que provocan en el lector una bronca visceral (el protagonista es el único racional); esto se cumple perfectamente en “Calles”, quizás el mejor cuento. Los servicios públicos nunca funcionan o llegan tarde. En los momentos de máxima tensión se desatan diálogos absurdos y totalmente fuera de lugar. Los protagonistas se esfuerzan por llevar a cabo algo que les está vedado y eso los llena de frustración (el hombre que quiere salvar a un chico que se tira por la ventana de un edificio, o el joven que llega a su casa, están violando a su novia y no puede impedirlo). En suma, eso muestran los cuentos de Dixon: frustración.

Tales elementos son articulados por Dixon con una escritura breve, sin reparos ni concesiones, como las crudas situaciones que el autor muestra en su obra. De ese modo, la forma es parte del contenido. ¿Será por algo de todo esto que nos gusta tanto Dixon?

© LA GACETA

PABLO NARDI