Estas no han sido buenas épocas para el Parque 9 de Julio. A los problemas que acumula por años de abandono y a los múltiples “recortes” de su superficie, se sumaron el incremento del vandalismo, de la inseguridad y de los usos inadecuados que dañan los espacios. El panorama, sin embargo, parece comenzar a mejorar lentamente. O al menos, eso hacen prever los promisorios planes de la Municipalidad capitalina que ya están en marcha.

En agosto de 2018, el robo de una estatua puso en relieve la desidia general, tanto de autoridades y de la sociedad, sobre los bienes que se encuentran en el sitio. La “Meditación”, había sido traída de Europa por Juan B. Terán en 1926, y fue solo una de las que fueron sustraídas a lo largo de los años de sus pedestales. Finalmente, el desenlace fue relativamente bueno: la figura apareció tirada en la calle y 400 días después, y trámites judiciales mediante, volvió a su sitio hace unos días. Aún no se sabe quién la robó, pero sí se puso bajo la lupa las supuestas demoras en efectuar la denuncia.

Recientemente, la escultura en homenaje al ex presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) sufrió también los embates del vandalismo y quedó con rayas y escritos.

En septiembre de 2019 quedó al descubierto la situación de el Rosedal. El robo de los rosales y los constantes arrebatos a los vecinos que pasean o corren por el lugar alertó a las autoridades. Tuvo que ponerse vigilancia para evitar que se llevaran las especies replantadas y para menguar la inseguridad. El municipio analiza, de hecho, cerrar totalmente con rejas ese espacio. Teniendo como espejo el éxito de la medida en el parque El Provincial, se avanzaría en esa dirección.

Hace un mes, desconocidos arrancaron más de 50 arbolitos que llevaban poco tiempo plantados y que habían sido aportados por una fundación y una empresa del medio. Sucedió en la zona de la avenida Las Palmeras, cerca del club Lawn Tennis, en las áreas más descuidadas del Parque. Y allí se develó públicamente otro problema sobre el mal uso del espacio público: en ese sector hay quienes administran canchas de fútbol y organizan campeonatos. Estas actividades permanentes no cuentan con autorización municipal y deterioran la vegetación.

La Municipalidad anunció que pondrá en jaque este tipo de acciones, con proyectos para refuncionalizar, conectar y mejorar los distintos espacios. Uno de ellos, que ya está en marcha, es el “Paseo de las palmeras”. Trazarán caminerías, instalarán bancos y plantarán nuevas palmeras. En un viejo tanque australiano que se empleaba para riego, habrá una compostera para generar abono para las plantas del Parque.

También habrá una visita guiada para disfrutar del patrimonio escultórico del espacio verde y un escenario para actividades culturales se levantará donde antes estaba una calesita. Además, fueron reparados dos de los baños públicos que permanecían cerrados y se remozó el Museo de la Industria Azucarera Casa del Obispo Colombres.

Aún esperan su turno -como desde hace años- estructuras emblemáticas que podrían tener múltiples usos, como el autódromo municipal Nasif Estéfano o el Palacio de los Deportes.

Las acciones oficiales para tratar de salvar al Parque de la desidia y devolverle su esplendor generan esperanza, aunque aún falta el aporte de la ciudadanía y que se arraigue conciencia sobre el cuidado de un espacio de todos. Miles de palabras se han escrito en estas páginas sobre la importancia del principal espacio verde de San Miguel de Tucumán. Una maravilla, colmada de rincones valiosos, diseñada por el arquitecto y paisajista francés Charles Thays. Este año el Parque cumplió 111 años, porque fue inaugurado el 23 de septiembre de 1908, durante la gobernación de Luis Nougués. Contaba entonces con 400 hectáreas, de las que apenas quedan entre 90 y 100.