Hoy se celebra el día nacional de los afroargentinos y de la cultura afro. El Congreso de la Nación lo estipuló por Ley 26852, el 24 de abril de 2013. Se estableció este día, 8 de noviembre, por ser el de la muerte de María Remedios del Valle, afrodescendiente que cobró protagonismo en las guerras de Independencia. Nacida en Buenos Aires, participó de la defensa de esa ciudad durante la Segunda Invasión Inglesa. Marchó con las tropas del Ejército del Norte y llegó al Altoperú. Estuvo en las importantes batallas de Tucumán y Salta. Presenció el bochorno de Huaqui y asistió a los soldados en los desastres de Vilcapugio y Ayohuma. Fue herida de bala, fue tomada prisionera y azotada. Perdió a su marido y a sus dos hijos en la guerra. Es un caso ejemplar, pero no el único. Los afroamericanos, en gran cantidad, formaron importantes batallones durante aquel esfuerzo libertario. Los “Regimientos de Pardos y Morenos” defendieron los ideales de una Nación libre e igualitaria, luchando desde la misma Revolución de Mayo.

Cabe consignar que la Ley prevé incorporar el día al Calendario escolar, y sobran los motivos para enseñar aquella historia. Pero esto no termina en un pasado épico. Efemérides como la de hoy apuntan al festejo y a la responsabilidad. Por un lado, como vimos arriba, amplían nuestra memoria histórica con nuevos relatos y, por otro, ayudan a fomentar la convivencia y la heterogeneidad cultural. Es tiempo de afianzar una cultura plural, de consolidar ese valor que en algún momento llamamos “crisol de razas”. No es otra cosa que la puesta en práctica del principio de igualdad.

Hace tiempo LA GACETA viene asumiendo esa posición. Dos senegaleses, Fali Madior Dieng y Lahat Diuf, fueron entrevistados los últimos meses en su calidad de inmigrantes. Ocuparon las distintas plataformas que ofrece nuestro diario. De ellos se desprende la situación que atraviesan los africanos en Tucumán. Ambos están radicados hace unos largos años en nuestra ciudad. Ambos reivindican el derecho de migrar en busca de una vida mejor. Coinciden en la necesidad de los migrantes de integrarse a la sociedad anfitriona y, por sobre todo, se desprende de sus palabras, la necesidad de afecto que aqueja a aquellos que abandonaron su tierra natal. Ensalzan la amistad local y padecen la nostalgia por sus amigos y sus costumbres. Madior, músico y comunicador social, llegó hace 12 años, Lahat llegó hace 13, y es vendedor callejero. A pesar de haber votado por primera vez en las elecciones pasadas, su integración es precaria. Ninguno de ellos registra un empleo que no sea el cuentapropismo o la venta irregular ambulante. La Dirección Nacional de Migraciones informa que, en Tucumán, con trámite de radicación y en calidad de refugiados hay 120 africanos. Todos serían de nacionalidad senegalesa. Algunos de ellos ya fundaron una familia local. A esta delicada situación se suma la información del Inadi: las reacciones discriminatorias no son excepcionales. En la vía pública, es habitual usar el término “negro” para estigmatizar a estos migrantes, y en el ámbito laboral e institucional, sufren más exigencias que los ciudadanos blancos.

Como la sociedad íntegra y abierta que queremos ser, Tucumán debe festejar sus historias fundadoras a la vez de exponer las diferentes comunidades que la constituyen. Ayuda a esto, incorporar a los extranjeros residentes, dotarlos de una voz propia y fortalecer su orgullo. Incorporarlos es enriquecernos.