Combinando tecnología de simulación con impresión tridimensional (3D), fabricaron una máscara personalizada que reproduce los rasgos del rostro del paciente, asegura los injertos de piel en zonas dificultosas de la cara y reduce las secuelas de las quemaduras. 

“Cuando un paciente se quema la cara,  primero hay que retirar la piel muerta. Luego escaneamos los rasgos e imprimimos una máscara de ácido poliláctico, 100% biodegradable, que se fabrica a base de recursos como maíz, remolacha, trigo y otros productos ricos en almidón”, explicó Hernán Aguilar, creador del método. 

"Imprimirla demora entre 13 y 18 horas; luego se aplica al paciente una membrana de origen bovino que se usa comúnmente en quemaduras, y encima la impresión, que se retira a los 21 días, cuando la piel está prendida -agregó-. Antes la cara quedaba sin función y con grandes cicatrices. La máscara logra que la piel quede sin volumen y se obtienen óptimos resultados”. 

La técnica fue aplicada en un hombre de 38 años que sobrevivió a la explosión de un auto.