Cuatro meses para el cierre del año. Tres mil millones de pesos para cumplir con la primera obligación estatal. Dos modelos en pugna y una necesidad financiera. La cuenta regresiva hacia las elecciones generales muestran ese panorama: una gestión provincial reelecta que precisa fondos (federales o de créditos privados), con un claro enfrentamiento electoral con la Casa Rosada que, con las últimas medidas económicas para aliviar la carga fiscal a los asalariados, ha minado los ingresos coparticipables hasta el 31 de diciembre próximo. El gobernador Juan Manzur le ha dado instrucciones a su ministro de Economía, Eduardo Garvich, para que consiga los recursos necesarios para afrontar el pago de los sueldos a los 110.000 empleados públicos. Y no sólo el dinero que se requiere para el mes en curso, sino hasta el final del ejercicio anual. La situación tiene una doble lectura. Por un lado, puede decirse que el Poder Ejecutivo busca previsibilidad ante la incertidumbre que reina en la economía argentina. Por el otro, hace tiempo que se esfumó aquella frase que decía que “había el valor de tres planillas salariales estatales mensuales” guardadas debajo del colchón financiero de la provincia.

No es el momento de salir a buscar financiamiento en el exterior, ya que es caro y el nivel de desconfianza hacia la Argentina es creciente. Con un riesgo país en 2.338 puntos básicos, las provincias han sentido sus efectos. Moody’s Latin America, agente de Calificación de Riesgo, bajó las calificaciones de emisor y de deuda en las escalas global/nacional tanto en moneda local como extranjera de ocho distritos (entre ellos Tucumán) y dos municipalidades argentinas (Córdoba y Ciudad Autónoma de Buenos Aires). En la Casa de Gobierno provincial hablan del “riesgo subnacional”, que se veía venir desde el momento en que la Nación decidió “reperfilar” los vencimientos de la deuda soberana. En realidad, no hay peligro de insolvencia en la Provincia, ya que los fondos que suelen ser usados como garantía de cualquier endeudamiento, la coparticipación, tiene un nivel elevado de desafectación. Además, la deuda pública tucumana representa cerca del 15% del presupuesto anual, un índice que torna manejables las finanzas.

Entonces, ¿qué hará Manzur para conseguir los fondos que requiere para cerrar el año con los sueldos al día? El camino más directo es tocarle la puerta al Ministerio de Hacienda de la Nación y al Banco Central. Ambos organismos son los encargados de avalar cualquier endeudamiento que puedan asumir los gobernadores. Un factor de negociación con la gestión del presidente Mauricio Macri puede estar dado con el reclamo que una quincena de distritos provinciales ha formulado, no hace muchos días, contra el Estado nacional por el impacto de las medidas que tienden a aliviar la carga del impuesto a las Ganancias y de los alimentos de primera necesidad de la canasta básica que hoy gozan de alícuota cero.

De no prosperar las gestiones, Manzur y el resto de los mandatarios provinciales tendrán que esperar hasta el 10 de diciembre y, particularmente los peronistas, trabajar para que Alberto Fernández se constituya en el nuevo presidente de los argentinos. De todas maneras, Macri no clausuró las negociaciones con los gobernadores. Hay necesidades compartidas que trascienden lo electoral.

En el medio, el Poder Ejecutivo local tendrá que cruzar los dedos para que la inflación no siga espiralizándose. Sucede que, de acuerdo con los convenios firmados con los gremios que representan a los empleados públicos, la Provincia tendrá que abonar este mes una cláusula gatillo que puede llegar a los dos dígitos de aumentos (11,5%) en función de la evolución de los precios de los últimos meses. Serían casi $ 500 millones adicionales a una planilla mensual estimada en $ 4.500 millones. La próxima discusión salarial se dará recién en diciembre, con impacto en enero del año que viene y con un ejercicio presupuestario que, en los papeles, debe cerrar con equilibrio financiero. Como si esto fuera poco, a 10 días del plazo para presentarlo, la Nación no precisa el cálculo de tres factores con los que también se elaboran los presupuestos provinciales: la inflación, el tipo de cambio y el PBI de 2020. Eso es un claro ejemplo de que la incertidumbre se mantendrá por varios meses más.