El nuevo libro de Federico Andahazi, “La matriarca, el barón y la sierva”, lleva al lector a ámbitos históricos, con una pertinaz violencia y degradación del ser humano y lo hace pendular hacia épocas actuales de la política nacional, al tiempo que se filtra la ficción y la ampulosidad del realismo mágico. “En este libro decidí bajar al barro, decidí hablar de política, decidí mezclarme con estos personajes espantosos y se da esta paradoja: los personajes más inmundos, los más despreciables, no tocan barro. El barro es para los otros, es para los que están en el infierno”, apuntó Andahazi.
La novela cuenta la historia de María Emilia, joven entregada en adopción a un gobernador que, en plena guerra civil, rige con mano férrea los destinos del país. En lugar de protegerla y cuidarla, como le había prometido a su padre, el barón la somete al encierro, la reduce a servidumbre y la obliga a pelear en la “riña de niñas”, una diversión cruenta que ofrece a un pueblo enardecido con la muerte. Sin embargo, María Emilia logra cultivar una relación muy particular con la esposa del dictador -la matriarca-, y entre ellas se establece una extraña alianza.
“Muchas veces, en nombre de la condena al patriarcado se erige una suerte de matriarcado idealizado que lo que esconde es el viejo patriarcado de siempre -apunta Andahazi-. Esto se ve en el personaje de la matriarca. Ella maneja los hilos del gobernador, maneja los hilos del poder, lo que está funcionando ahí es el viejo patriarcado. Pero María Emilia se aferra a no luchar. El patriarca la insta a que luche, a desnaturalizarla, y su rebelión es que no lucha”.