Por Alejandro Duchini.-

635 páginas que hablan de “hombres que se muestran tan piadosos en público y llevan otra vida, bien distinta, en privado”. “Una cultura del secreto”, define el autor durante el libro. En esta entrevista destaca al Papa Francisco por su resistencia ante la acción de una camarilla que complota en su contra y dice que no cuestiona a la Iglesia sino la hipocresía de algunos de sus miembros. Advierte, sin embargo, que “hoy la Iglesia se encuentra en estado de destrucción”.

- En sus cuatro años de investigación para escribir Sodoma - Poder y escándalo en el Vaticano, entrevistó a un religioso que lo recibió en calzoncillos, una mujer con una iglesia en su casa y un prostituto que se acostaba con sacerdotes, entre otros casos. ¿Qué le faltó entrevistar?

- ¿Transgéneros? No, no. No hay transgéneros en la Iglesia. Mi intención no era encontrar la excepción, sino todo lo contrario: quería contar la normalidad, la regla. Y la normalidad es la de personas que tienen una vida sexual activa. Homofóbicos. Hombres que se encuentran en conflicto debido a eso.

- ¿Hubo hechos que le hayan cambiado la mirada del libro que quería escribir?

- Soy periodista e investigador. Mi modo de hacer estos libros es analizando cuál es la realidad. No hay un cambio de objetivos porque no tengo un motivo político. Soy abiertamente gay y gay friendly. Estoy a favor de una Iglesia abierta. Al mismo tiempo no soy católico. Lo fui hasta los 12 años. Entonces mi objetivo siempre fue describir lo que encontrara.

LIBRO. “La fe es más grande que la institución”, plantea Martel en Sodoma. credito

- ¿Y qué encontró?

- Que la realidad siempre es mejor que la mentira. Y creo también que la Iglesia hoy se encuentra en estado de destrucción. Cientos de miles de chicos abusados. Millones de personas muertas por sida: la Iglesia no es responsable, pero el uso de preservativos que impide, por ejemplo, hubiera ayudado a que no sea así. Entonces no se puede mentir y pretender defender valores morales que no se practican. Incluso lo dice la Biblia: denuncia a aquel que habla o dice algo distinto a lo que hace.

- ¿Por qué siente que la Iglesia católica se destruye?

- Una organización moral como la Iglesia, que suele ser noticia por abusos sexuales, como el caso de Theodore McCarrick, que fue destituido, o los cardenales sentenciados en Chile. El caso de Marcial Maciel, juzgado en México por múltiples crímenes sexuales. Jean-Baptiste, en Francia. El arzobispo Luigi Ventura, acusado de cinco casos de abuso sexual… Si eso no es destruir la Iglesia, ¿qué es la destrucción? Al principio eran doce apóstoles, ¿no es cierto? Hoy son una organización multicircular. No es que se van a destruir de golpe. Cuando hablo de destrucción me refiero a su moralidad. No me pone contento eso. Ni estoy en contra de la Iglesia. Este libro posiblemente pase a la historia por referir a un punto clave que la Iglesia debería abordar para mejorarse a sí misma. No ataco a la Iglesia en sí sino a la hipocresía de las personas homosexuales dentro de la Iglesia.

- ¿Alguien de la Iglesia se quejó de su trabajo?

- Nadie. Pero ese silencio no me extraña: es la manera de reaccionar de ellos. ¿Qué podrían decir? Si ya saben que es todo cierto. ¿Qué podrían hacer? Su única esperanza es que el libro pase rápido. La mejor manera de que un libro pase desapercibido es no hablar de él. Pero al mismo tiempo la opinión pública está lista y comprende el problema. No quiero publicitarme, pero este libro fue best seller durante seis semanas en Francia desde que se publicó. Y best seller en otros 20 países. Es difícil que ellos intenten que el libro pase desapercibido. Fue publicado el día antes de que echaran a McCarrick. Después acusaron a Luigi Ventura. ¡Tan sorprendidos no pueden estar! Hasta las organizaciones de familias derechistas saben de qué se trata.

- ¿Hubo ataques al libro por parte de organizaciones no eclesiásticas?

- Sí. Especialmente de páginas web de los Estados Unidos, periódicos italianos derechistas. Pero lo que me sorprendió es que la prensa católica haya sido bastante moderada para criticar.

- Dedica unas líneas al libro “perdido” sobre el Papa Francisco, que fue escrito por su amigo de infancia, González Manent, Yo y Bergoglio, jesuitas en formación. Cuenta que el material desapareció. Hoy ni en Google se puede encontrar información.

- Yo tampoco pude hallarlo. No sabemos qué pasó. Creo que sería un trabajo de los periodistas encontrarlo. Hay un secreto ahí. Ni siquiera estaba en la Biblioteca Nacional, donde deben estar todos los libros que se publican. Y eso que es una obligación. Pero estamos seguros de que existió. Manent era muy cercano al Papa. Eran mejores amigos cuando tenían 20 años.

- En las inmediaciones del Vaticano se vende un tradicional póster de jóvenes que simulan ser sacerdotes en poses sensuales. Hay otras cosas que suenan irrisorias. ¿Sodoma es por momentos un libro tragicómico?

- Vivimos en un mundo muy loco. Y los integrantes de la Iglesia están 50 años atrasados. ¡Creen en la vida sexual de hace 50 años! Es desesperante eso. También son ellos mismos sus primeras víctimas. ¡Están escondidos dentro del closet que ellos mismos construyeron! Es bastante triste. Están atrapados. Más que en un closet, están en una jaula.

- ¿Qué cosas le marcaron especialmente de la investigación?

- Que la premisa es la mentira. Mienten, mienten, mienten. Constantemente mienten. No se les puede confiar en nada.

- Si atrasan 50 años y además mienten, ¿por qué se les sigue creyendo?

- Creo que la fe es más grande que la institución. La clave es tu propia relación con la fe: no se necesita a la institución de por medio. Pero al mismo tiempo hay muy buenos sacerdotes. No hace falta que vayas justo a la parroquia de Monseñor Aguer. Puedes ir a otra. Creo en nuevas espiritualidades. Puede ser con la Iglesia católica o con otras maneras o caminos. Personalmente soy un francés laico. Creo más en la literatura que en la Iglesia; me parece menos ficcional. Pero en el poder de la Iglesia hay aún gente muy grande en edad. Eso va a cambiar. Ya estamos en otra era. Tenemos víctimas que quieren hablar, sacerdotes que hablan, nuevas tecnologías. Todo va cambiando. Y eso también va a cambiar.

- El problema no es la homosexualidad sino la mentira.

- Exacto. El problema es la mentira, la doble vida y la esquizofrenia.

- ¿Qué opina del Papa Francisco?

- Soy bastante moderado. Al principio no era fan suyo. Me parecía demasiado jesuita, demasiado grande y demasiado peronista. Conservador en cuestiones morales y progresista en cuestiones sociales. Un día es gay friendly y otro todo lo contrario. Pero comencé a quererlo cuando entendí cuán fuertemente lo atacaban cardenales de la derecha. Hay un complot, una camarilla en su contra. Si antes no me gustaba el cardenal Bergoglio, hoy me gusta el Papa Francisco.

- ¿Abundan los seres oscuros en la Iglesia?

- Los curas son seres humanos. Posiblemente no sean los representantes de Dios sino simples seres humanos, con sus fortalezas y debilidades. También en las historias infantiles el bueno siempre gana y el malo pierde. Esto es igual, como un cuento de hadas, lo cual no me entristece. Por ahí sí me entristecen los escándalos. Se trata de seres humanos normales, con amor, con amantes. No creo en la castidad ni en el celibato porque básicamente no existen, salvo cuando se llega a los 90 años. Una vez me reuní con un cardenal que me dijo que era casto. “Te creo”, le dije. “Ahora porque tenés 90 años. Pero entre los 20 y los 90 pasaron un montón de cosas”.

- ¿Imagina una Iglesia renovada, con gente joven?

- Hay muchos sacerdotes jóvenes. Creo que para los cardenales el límite de edad debería ser el de los 65 años. En Francia la jubilación es a los 60, así que el Papa se hubiese jubilado hace veinte años. Es una teocracia. Y también un lugar donde los mayores son los que están a cargo, siempre. Eso es parte del problema. Como sus pensamientos sobre la sexualidad, que son iguales a lo que pensaban hace muchos, muchos años. El Papa Francisco está mencionando nuevos obispos jóvenes. Está en un buen camino. Pero es demasiado tarde. Y demasiado moderado.

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