Debieron esperar un año para sacarse el nudo de garganta, ese que les dejó el 1-3 contra Real Madrid en Kiev. Por eso, segundos después de que terminó el juego en el Wanda Metropolitana, Jürgen Klopp y Mohamed Salah explotaron en un abrazo del que brotaron lágrimas.
El DT alemán, al fin, luego de cuatro años al mando, pudo festejar un título con Liverpool, mientras que el crack egipcio se sacó la bronca que le había dejado ese duelo contra los “Merengues”, en el que debió abandonar la cancha antes de la media hora a causa de una lesión.
Esta vez, en el inicio del juego, Salah ejecutó con clase el penal que abrió el marcador y que les sirvió en bandeja el título a los “Red Devils”. En ese instante, antes de llegar al segundo minuto del duelo comenzó a encarrilarse el triunfo de Liverpool y a borrarse el mal recuerdo del año pasado.
Tras ponerse en ventaja, los dirigidos por Klopp se relajaron y dejaron el control en manos de Tottenham. Pero, a diferencia de lo que sucedió en la pasada final cuando Loris Karius cometió dos errores que terminaron con los sueños de su equipo, esta vez Liverpool estuvo respaldado por el gran trabajo de su arquero, el brasileño Alisson Becker, que se mostró se sólido en cada una de sus intervenciones.
Liverpool manejó la final casi a su antojo. Si bien los “Spurs” tuvieron varias ocasiones para nivelar la lucha, dio la impresión de que los “Reds” estaban en su noche soñada. Mucho más cuando Divock Origi sentenció el resultado, casi con el tiempo cumplido.
Así, con Klopp como alma mater y Salah como estandarte, Liverpool conquistó su sexta Copa de Europa, convirtiéndose en el tercero más laureado, detrás de Real Madrid y Milan; y dejaron con las ganas a los dirigidos por Mauricio Pochettino de ganar su primera “Orejona”.