> LA MISA DE HOY
PBRO. MARCELO BARRIONUEVO
“En aquel tiempo, dijo Jesús: ‘Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno’” (Juan 10,27-30).
1- La figura del buen pastor determina la liturgia de este domingo. El sacrificio del pastor es que ha dado la vida a las ovejas y las ha devuelto al redil. Años más tarde, San Pedro afianzaba a los cristianos en la fe recordándoles en medio de la persecución lo que Cristo había hecho y sufrido por ellos: “por sus heridas habéis sido curados. Porque erais como ovejas descarriadas (...)”. Por eso la Iglesia entera se llena de gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo y le pide a Dios Padre que el débil rebaño de su Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. En su última aparición, poco antes de la Ascensión, Cristo resucitado constituye a Pedro como guía de la Iglesia. Se cumple entonces la promesa que le hiciera poco antes de la Pasión.
2- La figura de Pedro se agranda de modo inconmensurable, porque realmente el fundamento de la Iglesia es Cristo, y, desde ahora, en su lugar estará Pedro. El amor al Papa se remonta a los mismos comienzos de la Iglesia. Debemos rezar mucho por él, que lleva sobre sus hombros el grave peso de la Iglesia, y por sus intenciones. Quizás podemos hacerlo con las palabras de esta oración litúrgica: “Que el Señor le guarde y le dé vida, y le haga feliz en la tierra, y no le entregue en poder de sus enemigos”.
3- Junto a nuestra oración, necesita nuestro amor y nuestro respeto para quien hace las veces de Cristo en la tierra. “El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros una hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo”.