INVESTIGACIÓN

TUCUMANTES

SIBILA CAMPS

(Marea - Buenos Aires)

Una secuencia del horror se dispara en el silencio. Se refleja en la nada del espejo. Las sombras de la memoria con olor a dolor, picana eléctrica y muerte acechan el olvido. Pugnan por un chorro de luz. La verdad se alimenta de palabras, testimonios, pero principalmente de acciones que expresan la realidad concreta.

Tucumantes. Relatos para vencer al silencio pone al descubierto las atrocidades del terrorismo de Estado en nuestra provincia. Sibila Camps parte de la figura emblemática del “Perro” Clemente, dirigente de la Juventud Peronista “chupado” por las fuerzas de seguridad en julio de 1976, torturado en varios centros de detención, que devino luego en policía. Cuando se ordenó el desmantelamiento del Servicio de Informaciones Confidenciales, cuyo jefe era el comisario Roberto “El Tuerto” Albornoz, condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, Clemente se llevó valiosos papeles a su casa, que escondió en un contrapiso de su vivienda.

Más de 30 años después, en ocasión de declarar en el primer juicio por el centro clandestino de detención de la Jefatura de Policía, entregó a los jueces documentación que contenía un listado de cadáveres identificados, fotos de rostros, actas de entrega de cuerpos, manuscritos con datos de inteligencia. Se trataba de la primera lista de desaparecidos elaborada por los propios represores.

A partir de ahí, la destacada periodista comienza a desandar esta horrenda historia gestada por el terrorismo de Estado que persiguió la aniquilación física y psíquica sistemática -seguida de desaparición y ocultamiento- de militantes, familiares, intelectuales, trabajadores, políticos, sometiéndolos a tormentos que hablan de la perversión atroz de la que fueron capaces los dueños del poder, de la vida y de la muerte. Muchos de ellos, aún permanecen desaparecidos.

Las fuerzas de seguridad no solo torturaron, “desaparecieron”, robaron los bebés de las mujeres encintas, así como las pertenencias de las víctimas, se adueñaron también de inmuebles. Las numerosas entrevistas a las víctimas, incluso del mismo Clemente, debidamente contextualizadas, permiten adentrarse en este tramo oscuro de la historia tucumana y nacional. La autora cuenta cómo bajo amenaza de muerte, el represor Bussi se apoderó de tierras que pertenecían de Rita Ariza para erigir el pueblo Capitán Cáceres.

Rostros medievales

El Pozo de Vargas de 40 metros de profundidad, a pocos metros de la avenida Francisco de Aguirre, donde tiraron cuerpos y luego les arrojaron dos toneladas de escombros, cal, agroquímicos, con la intención de borrar el mínimo rastro, habría provocado tal vez la envidia de los mismos nazis.

Desmemoria. Desvergüenza. Somos capaces de horrorizarnos con el genocidio de Hitler, pero no con el que ocurrió en la Argentina y en Tucumán, este holocausto criollo impulsado por los militares entre 1975 y 1982. La excelente investigación periodística de Sibila Camps revela un Tucumán con rostros medievales, desnuda a una buena parte de nuestra sociedad con miedo a saber, a conocer, a reconocer; negadora, ciega a las atrocidades y a las evidencias, que hasta ahora ha preferido arrojar la memoria aún fresca bajo la alfombra. Es bueno mirarse en la propia sombra, dice la actriz mapuche Luisa Calcumil. Solo así recuperaremos ese eslabón casi extraviado de la memoria tucumana.

© LA GACETA

ROBERTO ESPINOSA