Hay quienes afirman que está hace una década, para otros se asentó hace medio siglo. Lo cierto es que nadie se acuerda exactamente cuándo se instaló el basural de la vereda del Club Atlético Central Norte, sobre José Ignacio Thames, entre Marcos Paz y Santa Fe. Allí, el olor que emana de los desechos durante el verano es tal que los vecinos se encierran en sus casas para no descomponerse.

El barrio Don Bosco forma parte del recorrido habitual de las máquinas recolectoras de la Municipalidad capitalina: recogen de una de las veredas del club Central Norte residuos domésticos, escombros y restos de plantas.

Los vecinos están en desacuerdo sobre el tiempo que lleva el vaciadero clandestino en su barrio. Mientras algunos aseguran que está hace 10 años, otros hablan de más de 50. Estela Ruiz recuerda que hubo un tiempo en el que el vaciadero no estuvo. “Hace varios años, pusieron a un policía para que vigile la zona; durante ese período nadie tiraba basura”, rememora.

Ruiz vive en la esquina de Marcos Paz y Thames hace 60 años. “La basura la tiran algunos vecinos y gente de otros lados, esta tarde pasó un carrito a dejar escombros”, denuncia. Su vecino de la esquina de Santa Fe, Pablo Toscano, puntualiza que los responsables son principalmente los carros de tracción a sangre, aunque también señala que motos, autos y hasta camionetas de alta gama se desprenden de sus desechos domésticos allí.

La vecina de Don Bosco afirma que el camión recolector de la Municipalidad pasa regularmente por la zona y que las máquinas de limpieza también, pero que a pesar de ello “la gente vuelve a tirar (residuos)”.

Además de recoger la basura, cada vez que pasa, la máquina se lleva pedazos de cordón de la vereda. “La pala de la máquina dejó un agujero en la vereda. Para peor, la gente ve un hueco y piensa que es un tacho de basura”, delata Toscano, quien llegó al barrio hace 47 años.

La situación de los vecinos empeora durante el verano: la basura bajo los rayos del sol larga un olor nauseabundo. “Cuando hace calor me tengo que encerrar en mi casa. Esos días cierro todas las puertas y ventanas, hace mal respirar este aire”, relata Ruiz.

Como solución, Toscano propone la instalación de contenedores para los residuos sobre la Thames: “Para que la gente tire la basura ahí, y no sobre la vereda”.

Conmovida, Ruiz cuenta que el basural la obliga a mudarse del hogar donde crió a sus hijos. “Yo tuve a mis dos hijos en esta casa; hoy el mayor tiene 59 años. No quiero irme, mis mejores recuerdos están aquí, pero el basural me obliga a dejarlos”, lamenta, con lágrimas en los ojos. “Lo único que le pediría a la Municipalidad es que saque este basural, así me podría quedar”, suspira. (Por Clara Radrizzani)