Conoció el “Deporte de los Caballeros” cuando era apenas un nene de ocho años, y aún hoy, con 62 continúa ligado a él. Hasta 2016 jugó para un único club: El Águila. Ese año abandonó la práctica del deporte, y se dedicó de lleno al rol dirigencial, que había iniciado hacia principios del milenio.

Raúl Enrique Quirós llegó a la presidencia de la Asociación Tucumana de Bochas casi por casualidad, como si el destino le hubiese jugado una broma. Aunque había planteado reparos, igualmente lo incluyeron en una lista en su ausencia, como vocal 1°. El titular de la entidad renunció, y Quirós debió hacerse cargo, porque el estatuto así estipulaba que tal era una de las funciones del vocal 1°. Entre 2004 y 2016, además, presidió su club, El Águila.

La normativa de la Confederación Argentina de Bochas prevé que los presidentes de las asociaciones formen parte del Consejo de la institución. En ese espacio, Quirós empezó a construir una amistad, que aún perdura, con la entonces -y actual- máxima autoridad de las bochas en el país, Héctor Alberto Limardo. En 2012, a una década de haberse iniciado como dirigente, Quirós llegó al cargo de tesorero de la Confederación, que todavía ostenta. “Limardo me había ofrecido varios cargos, pero yo le decía que me deje acá, que en Tucumán estaba bien. Un año me había ido con mi familia de vacaciones a Mar del Plata, y de regreso me encuentro con él en Buenos Aires. Ahí me dice que tiene la lista para la Asamblea, y que yo iba como tesorero. No rechacé el cargo porque ya éramos como hermanos; y porque congeniábamos en muchas cosas, y porque peleamos por un mismo objetivo”, contó a LG Deportiva. Desde su función en la Confederación, militó para que el primer Mundial de Bochas en territorio argentino se dispute en Tucumán.

- ¿Con las bochas fuiste a varias ciudades del mundo?

- Cuando uno va a jugar un Mundial en otro país tiene muy poco tiempo para conocer, porque prácticamente compite todos los días -además de ser el máximo responsable de la delegación-.

"Manzur nos sorprendió con la noticia de que se construirá en Tucumán un estadio nacional de bochas. Cuando lo anunció nos emocionamos todos".

- Pero algunos recuerdos le habrán quedado...

- El lugar que más me impactó de los que visitamos fue Niza (Francia), por la vida que tiene. China -Shanghai, más que nada- es un loquero; debés tener cuatro ojos por el tránsito: esas motonetas eléctricas, que no hacen ruido, te pasan por todos lados y cruzar una avenida es una odisea. En China pasé 12 días comiendo únicamente frutas, porque no me gustaba la comida; era muy picante. Y lo mismo pasó en Turquía. Un día vemos en un restaurante la publicidad de una comida, y creímos que era el típico asadito árabe. De inmediato lo pedimos, por señas: era ají. Al regreso estuve tres meses con el estómago a la miseria. En Italia era diferente, porque comíamos pastas o pizzas.

- Pero en China, en 2014, viviste una enorme alegría...

- Me bajó la presión por la emoción que sentí. Por primera vez las chicas se coronaron campeonas del mundo. Yo empecé a saltar con ellas, de la alegría, porque se había ganado una gran final. No advertí que ya no tenía edad para eso, y me empecé a agitar. Pero me senté un rato y me pasó.

- Pero la de las mujeres no fue la primera medalla de oro en bochas para la Argentina, ¿verdad?

- Así es; en 2009, en Francia, Raúl Basualdo salió campeón. Era la primera vez que él jugaba con una bocha metálica, y se quedó con la medalla de oro en tiro de precisión.

"Dicen que este deporte es de viejos. No es así. Tenemos desde categoría Sub 9, hasta Mayores, Damas, Veteranos y Ciegos. Es un deporte muy general".

- ¿Qué son las bochas para vos?

- Un hermoso deporte, que la gente debería disfrutar más. Cuando yo jugaba había como 30 clubes; hoy son seis, por la situación económica o porque cambiaron las épocas. En 1966, cuando empecé con esta actividad, recién estaba apareciendo la televisión, que iba entre las 18 y las 23; y pocas casas la tenían. No te quedaba otra que ir al club. Actualmente, los chicos tienen otras tentaciones. Yo siempre digo que una hora que los clubes estén abiertos es una hora menos que los chicos están en la calle. Por suerte se están haciendo escuelas de bochas en el interior; en Tafí Viejo y en Lules.

- Cuando cenaron con el gobernador, Juan Manzur, fueron testigos de un anuncio importante para los bochófilos, ¿es así?

- Sí, nos sorprendió con la noticia de que se construirá en Tucumán un estadio nacional de bochas. Cuando nos habíamos reunido con Manzur por primera vez, para ver si hacíamos aquí el Mundial, Limardo le había comentado que su sueño era que haya un estadio de bochas. El gobernador le había preguntado cuál era el mejor del mundo, Limardo le había contestado que uno que queda en Italia. Manzur le dijo que iba a hacer uno mejor, pero el tema quedó ahí. Pero durante la cena de bienvenida a todas las delegaciones lo anunció, y nos emocionamos. De concretarse ya no daremos tantas “ventajas”. Te cuento una anécdota: cuando vamos al primer Mundial con Basualdo (Niza, Francia, 2009), era la primera vez que él conocía una bocha metálica; y aunque entrenaba no pegaba. En un momento le digo que lo iba a acompañar a tirar 1.000 bochazos. Pero él me dijo que ya estaba. Y salió campeón del mundo. Nosotros damos ventaja porque no tenemos un campo deportivo.