En un sector del campo había dibujada una especie de flecha con semillas de soja teñidas de rojo. Dos kilómetros más adelante, en otro campo, un pedazo de tela blanca de unos cuatro por cuatro metros. Esos elementos, para los investigadores de la Dirección General de Drogas Peligrosas (Digedrop), son señales que dejaron para que los ocupantes de una avioneta arrojaran los 273 kilos de marihuana en tierras que están ubicadas en un camino que une La Cocha con Taco Ralo. Es un indicio que los receptores no eran unos improvisados, sino que tenían aceitado el mecanismo para recibir la sustancia. Por el caso, sólo quedo una persona detenida: el casero. Los otros sospechosos recuperaron ayer la libertad, pero seguirían siendo investigados.

El campo donde se encontró la droga no sería de ninguno de los tres detenidos. Estaría pegado al de un productor oriundo de Yerba Buena que fue arrestado el domingo por la mañana, minutos después de que se concretara el hallazgo de la droga. El hombre que recorría la zona en una camioneta, antes de ser esposado, dijo que estaba controlando los campos en los que siembra caña de azúcar y soja. El juez Daniel Bejas ordenó su detención del sospechoso que también es conocido por integrar grupo que realizan excursiones en motos de alta gama.

Prácticamente lo mismo sucedió con un hombre de 37 años. Hijo de un juez de paz del sur de la provincia, empleado de la municipalidad de La Cocha y adscripto en el juzgado de paz de ese municipio, fue atrapado cuando circulaba por la camioneta por la zona. Los policías, según la información oficial, les dijo que, como lo hacía normalmente, había concurrido hasta ese lugar para tomar la cerveza que tenía en su vehículo.

El tercer detenido, según confirmaron los pesquisas, sería el más comprometido y el único que quedó detenido. Se trata de un habitante de la zona de 59, trabajador rural que lo descubrieron trasladando en una bicicleta una de las bolsas con marihuana que habían sido encontradas en el campo. Hasta el cierre de esta edición no había declarado. Entre otras cosas, no dijo para quién trabajaba y si a él le ordenaron recolectar los bultos o si se llevó uno porque lo encontró en el camino. El bajo nivel cultural del sospechoso impidió a los investigadores conseguir información.

Allanamientos

El fiscal Carlos Brito, con autorización del juez federal Bejas, ordenó que se allanaran los domicilios de todos los sospechosos. Personal de la Digedrop, al mando del comisario Jorge Nacuse, en la casa del empleado rural se secuestraron dos balanzas de precisión y bolsas que podrían haber sido utilizadas para fraccionar y distribuir la marihuana en distintos puntos. En los domicilios de los otros dos sospechosos no se encontró drogas ni documentación que los involucre en la causa.

Al no haber elementos incriminatorios, la Justicia ni siquiera les tomó declaración. Después de informarle que tienen prohibido salir de la provincia sin autorización, quedaron en libertad el empleado judicial y el productor. Bejas confirmó que se analizará los sistemas de navegación de las dos camionetas que se le secuestraron y los celulares. Allí tratarán de confirmar o descartar si tienen que ver con la avioneta que arrojó la carga de marihuana que fue valuada en más de $ 5 millones.

Sí está prácticamente confirmado que la droga fue trasladada desde Paraguay. Los ladrillos de marihuana estaban ocultos en bolsas de harina oriundas del vecino país. Varias de ellas estaban en portugués para disimular aún más su contenido. El destino también estaría más o menos claro. Las acopiarían aquí y, después de fraccionarlas, las distribuían en esta provincia y, probablemente, en otras de la región. “Probablemente este cargamento tenía como destino nuestra provincia. Es lo que sospechamos”, explicó el fiscal Miguel Varela, que fue el primero que intervino en el hecho. “Veníamos recibiendo informes sobre vuelos misteriosos en la zona”, agregó el investigador que se excusó y remitió todas las actuaciones a la Justicia Federal.

Esta es la segunda vez que se encuentra droga arrojada por avionetas en el sur de la provincia. En mayo, Gendarmería Nacional, en una finca de Monteagudo encontraron enterrados más de 270 kilos que fueron arrojadas desde una avioneta. La carga, según la investigación, habría pertenecido al clan Paradi que la habría distribuido en la provincia y en Catamarca.