CIUDAD DE MÉXICO, México.- Andrés López Obrador, quien asume hoy la Presidencia de México, es un izquierdista moderado que llega al gobierno con la promesa de ayudar a los pobres, combatir el crimen organizado y administrar con transparencia y austeridad.

El hecho es que recibe un país con altos índices de pobreza (43,6% de la población en 2016, según el Banco Mundial) e inseguridad ciudadana, y una tensa relación con su principal vecino, Estados Unidos, debido a las restricciones impuestas por Washington al ingreso de inmigrantes y al comercio.

El mandatario entrante nació en el seno de una familia de clase media el 13 de noviembre de 1953 en Tepetitán, en el estado sureño Tabasco.

Hasta 1976 estudió Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Autónoma de México (UNAM). A mediados de los ‘70 empezó su carrera política en el entonces hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), y en 1988 se sumó a la facción disidente de esa fuerza que impulsó la candidatura presidencial del centroizquierdista Cuauhtémoc Cárdenas.

En 1989 ayudó a Cárdenas a fundar el Partido de la Revolución Democrática (PRD), por el que fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México (2000-2005) y candidato presidencial en 2006, que perdió por poco más de medio punto porcentual con el conservador Felipe Calderón.

Durante meses, López Obrador desconoció el resultado de esos comicios, a los que tildó de fraudulentos, y sus partidarios marcharon por las calles de la capital mexicana en protesta.

En 2011, dejó el PRD y fundó el Movimiento Ciudadano -que poco después adoptó su nombre actual: Movimiento Regeneración Nacional (Morena)-, que formó parte de la coalición Movimiento Progresista que volvió a postularlo a la Presidencia en 2012, cuando fue derrotado por el ahora mandatario, Enrique Peña Nieto.

A la tercera

La tercera candidatura presidencial fue la vencida. En julio pasado se alzó con 53% de los votos y con la mayoría en las dos cámaras del Congreso, con 191 diputados y 55 senadores.

Durante la campaña, prometió que su sexenio de gobierno se ubicará en la historia de México como la “cuarta transformación”, después de los períodos de la Independencia (1810-21), la Reforma (guerra entre liberales y conservadores, 1858-61) y la Revolución (conflicto armado que alumbró la actual Constitución, 1910).

Una de sus principales promesas, la que lo define tanto para sus simpatizantes como para sus detractores, es que aplicará una política económica diferente a la de gobiernos anteriores. Dijo que no va a gobernar sólo para los mercados financieros.

Desde que resultó electo, algunas de sus decisiones, como la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México e iniciativas de su partido en el Congreso han golpeado a los mercados y sus críticos temen que lidere con un tono populista y sus planes comprometan las finanzas públicas.

Su equipo económico ha salido a tratar de calmar a los mercados y dar certidumbre sobre la política pública de López Obrador, conocido como “AMLO”.

El presidente electo dijo al diario mexicano “La Jornada” que su gobierno se abocará a rescatar al sector energético, que sufrió una profunda reforma en el gobierno saliente y por la que se eliminó el monopolio de empresas estatales en el sector, que se abrió casi por completo a la inversión privada.

El combate al crimen organizado y a la inseguridad que conlleva es quizás el frente más difícil de resolver. México atraviesa el año más violento del que haya registro, con casi 16.000 asesinatos en 2018. Los homicidios se han disparado 74.7 % en un periodo de apenas tres años.

De acuerdo con datos oficiales actualizados, en el primer semestre de 2018 se registraron 402 víctimas de feminicidio en el país, cifra que en comparación con la registrada en el mismo periodo del año pasado (363 casos) equivale a un incremento el 10.7 %. (Reuters-Especial)